LA FAMILIA EN AMERICA LATINA

REALIDADES, INTERROGANTES Y PERSPECTIVAS

 

 

 

 

 

Bernardo Kliksberg

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Documento de apoyo a la exposición del autor sobre “Evolución de la relación del niño, la niña y el adolescente con la Familia”  en el XIX Congreso Panamericano del Niño, México, 27-29 Octubre 2004

 

 

 

 

 


I.                    UNA AGUDA Y SILENCIOSA DISCRIMINACION

 

 

      La aspiración a una sociedad entre cuyos pilares esté la superación de las discriminaciones se halla en las entrañas del “sueño latinoamericano”.  Recorre toda la historia del Continente, tiene profundas representaciones a nivel nacional en casi todos los países, y es objeto actualmente de continuas luchas. En estos tiempos en donde con grandes sacrificios los pueblos han logrado hacer avanzar procesos genuinos de democratización, se suceden los esfuerzos para denunciar las discriminaciones de toda índole, y bregar por su superación.

 

Sin embargo, no bastan los sueños para cambiar las duras realidades de la región.  La recorren graves tendencias hacia la  pauperización y  la polarización social, que están despertando fuerte preocupación hacia el interior de los países, e internacionalmente, y que son el contexto propicio para la acentuación de discriminaciones.  Así las desigualdades extremas en el acceso a oportunidades socioeconómicas,  mantienen y agudizan dramas como la miseria en que viven las comunidades indígenas, la marginación en algunos países de la población de color, la inferiorización de la mujer particularmente la mujer pobre en diversas áreas, la marginación de los discapacitados, y de las edades mayores. De todo ello surge una sociedad con fuertes fracturas, que generan exclusión, tensión social, y con frecuencia ideologías intolerantes racionalizadoras de las mismas.

 

      Deseamos poner a foco en este trabajo un aspecto de las discriminaciones que recorren la realidad de la región que debería ser objeto de muchísima más atención.  Se trabaja cada vez sobre las inequidades que la caracterizan en planos como el acceso al trabajo, la distribución de ingresos, las oportunidades educativas, el acceso a cobertura de  salud, pero son limitados los análisis sobre que esta pasando en una cuestión vital:  las posibilidades que tienen los diversos estratos sociales en cuanto a la conformación de una unidad familiar sólida y estable.  Las cifras indican que son muy diferenciadas, que allí se esta produciendo un silencioso drama de vastas proporciones.

 

      Independientemente de su voluntad numerosas parejas jóvenes no tienen las oportunidades reales para conformar o mantener una familia.  Muchas familias son destruidas ante el embate de la pobreza y la desigualdad, otras se degradan, y otras no llegan siquiera a ser constituidas.  Hay una grosera discriminación en este campo, que es reforzada por la falta de políticas públicas activas enfatizadas en la protección de la unidad familiar.  Todo ello afecta  visceralmente la visión de una sociedad pluralista, y diversa.  El derecho elemental a  la conformación y desarrollo de una familia, debería ser uno de sus pilares.

 

      En este trabajo se desea sobre todo estimular la investigación, la reflexión, y el intercambio al respecto.  Para ello en un primer momento se plantean algunos elementos sobre los roles claves que juega la familia en las sociedades actuales, y en el mismo proceso de desarrollo.  En segundo término, se refieren algunos datos sobre los agudos problemas sociales que sufre la región caracterizando el contexto en el que viven las familias en la misma.  En tercer término, se examinan ciertos impactos de este contexto sobre la unidad familiar.  Finalmente se efectúa una reflexión de conjunto.

 

II.         EL REDESCUBRIMIENTO DE LA FAMILIA

 

A inicios del siglo XXI existe una creciente revalorización del rol de la familia en la sociedad.  Desde la perspectiva espiritual la familia apareció siempre como la unidad básica del género humano.  Las grandes cosmovisiones religiosas destacaron que su peso en lo moral y afectivo era decisivo para la vida.  En los últimos años han agregado a esa perspectiva fundamental, conclusiones de investigación de las ciencias sociales que indican que la unidad familiar realiza, además, aportaciones de gran valor en campos muy concretos.

 

Entre otros aspectos, las investigaciones destacan el papel de la familia en el rendimiento educativo, en el desarrollo de la inteligencia emocional, en las formas de pensar, en la salud y en la prevención de la criminalidad.

 

La calidad de las escuelas tiene un fuerte pero en el rendimiento educativo.  El curriculum, la calificación de los docentes, los textos escolares, los otros materiales de apoyo utilizados, la infraestructura escolar, influyen en todos los aspectos de los procesos de aprendizaje.  Pero hay otros factores incidentes, según refieren las investigaciones.  Según concluye CEPAL (1997), el 60% de las diferencias en performance estarían vinculados al clima educacional del hogar, su nivel socioeconómico, la infraestructura de vivienda (hacinadas y no hacinadas), y el tipo de familia.  Aspectos básicos de la estructura de la familia tendrían, por tanto, fuerte influencia en los resultados educativos.  Estarían, entre ellos, elementos como el grado de organicidad del núcleo familiar, el capital cultural que traen consigo los padres, su nivel de dedicación a seguir los estudios de los hijos, su apoyo, y estímulo permanente, a los mismos.

 

Múltiples estudios corroboran esta tendencia y el papel clave de la fortaleza del núcleo familiar.  La Secretaría de Salud y Servicios Humanos de EEUU realizó un estudio sobre 60.000 niños.  Wilson (1994) informa sobre sus conclusiones:

 

“En todos los niveles de ingreso, salvo el muy alto (más de 50.000 dólares al año), en el caso de los dos sexos y para los blancos, negros e hispanos por igual, los niños que vivían con una madre divorciada o que nunca se había casado, estaban claramente peor que los pertenecientes a familias que vivían con los dos progenitores.  En comparación con los niños que vivían con sus dos padres biológicos, los niños de familia con un solo progenitor eran dos veces más propensos a ser expulsados o suspendidos en la escuela, a sufrir problemas emocionales o de la conducta y a tener dificultades con sus compañeros. También eran mucho más proclives a tener una conducta antisocial”.

 

Las características de la familia tienen asimismo influencia sobre otro tipo de educación, la emocional. Hay un significativo interés actualmente en el tema de la denominada “inteligencia emocional”.  Según indican las investigaciones de Goleman (1995), y otras, el buen desempeño y el éxito de las personas, en su vida productiva, no se halla ligado sólo a su cociente intelectual, tiene estrecha relación con sus calidades emocionales. Entre los componentes de este orden particular de inteligencia, se hallan el autodominio, la persistencia, la capacidad de automotivación, la facilidad para establecer relaciones interpersonales sanas y para interactuar en grupos, y otras semejantes. Según se ha verificado, con frecuencia  personas de elevada inteligencia emocional tienen mejores resultados que otras con cociente intelectual mayor, pero reducidas calidades en ese orden. La familia tiene un gran peso en la conformación y desarrollo de la inteligencia emocional. Los niños perciben en las relaciones entre sus padres, y de ellos con los mismos, modos de vincularse con lo emocional que van a incidir sobre sus propios estilos de comportamiento. Destaca Goleman que:  “La vida en familia es nuestra primera escuela para el aprendizaje emocional”.

 

Otro aspecto en que la familia con su dinámica va moldeando perfiles de comportamiento en los niños, es el que se produce en el campo de “las formas de pensar”.  Naum Kliksberg (1999) señala al respecto, que el niño se vincula con sus padres y hermanos a través de tres modalidades básicas:  de aceptación pasiva, de imposición autoritaria, y de diálogo democrático. En los hogares tiende a predominar alguno de estos modelos de interacción".  Resalta el investigador que, si el predominante es el de aceptación pasiva, se genera una forma de pensar “sometida” que acepta argumentos y posiciones, sin inquirir mayormente sobre sus fundamentos.  Si la interacción usual es la autoritaria, se desarrolla una forma de pensar orientada a imponer el propio pensamiento al otro, y sólo centrada en las coerciones necesarias para lograr ese objetivo. Si en cambio el modelo de interacción es “dialogal democrático”, la forma de pensar que se desenvuelve es crítica, se sabe escuchar al otro, se trata de entenderlo, y de explicarse.

 

En el campo de la salud Katzman (1997) señala, resumiendo estudios efectuados en el Uruguay, que los niños extramatrimoniales tienen una tasa de mortalidad infantil mucho mayor, y que los niños que no viven con sus dos padres tienen mayores daños en diferentes aspectos del desarrollo psicomotriz.

 

Una preocupación central de nuestro tiempo es el aumento de la criminalidad en diversos países.  La familia aparece, a la luz de las investigaciones al respecto, como uno de los recursos fundamentales con que cuenta la sociedad para prevenir criminalidad.  Los valores inculcados a los niños en la familia en esta materia, en los años tempranos, y los ejemplos de conducta observados, van a incidir considerablemente sus decisiones y conductas futuras. Un estudio en EEUU (Dafoe Whitehead, 1993), identificó que examinando la situación familiar de los jóvenes en centros de detención juvenil en el país, se verificaba que más del 70% provenían de familias con padre ausente.

 

En resumen la familia, junto a sus históricas y decisivas funciones afectivas y morales, exhaltadas en religiones como la cristiana y la judía, entre otras, cumple funciones esenciales para el bienestar colectivo.

 

A partir de esa visión existe, en diversos países desarrollados, un activo movimiento de creación de condiciones favorables para el buen desenvolvimiento y el fortalecimiento de la familia.  Las políticas públicas de los países de la Comunidad Económica Europea brindan, entre otros aspectos:  garantías plenas de atención médica adecuada para las madres durante el embarazo, el parto, y el período posterior, amplios permisos remunerados por maternidad que van, desde 3 meses en Portugal hasta 28 semanas en Dinamarca, subvenciones a las familias con hijos, deducciones fiscales. Diversos países, como los nórdicos, han establecido extendidos servicios de apoyo a la familia como las guarderías, y servicios de ayuda domiciliaria a ancianos e incapacitados.

 

La necesidad de fortalecer la institución familiar y apoyarla de modo concreto tiene múltiples defensores.  Reflejando muchas opiniones similares, un estudio español (Cabrillo, 1990), plantea que “la familia es una fuente importante de creación de capital humano.  Por una parte ofrece servicios de salud en forma de cuidado de enfermos y niños que tendrían un elevado coste si tuvieran que ser provistos por el mercado o el sector público.  Por otro, es en ella donde tiene lugar la primera educación que recibe un niño, que es además la que tiene una rentabilidad más elevada”.  Ante ello se pregunta:  “¿en la práctica el sector público está financiando gran parte de los gastos en educación en la mayoría de los países?  La pregunta inmediata es:  ¿entonces, por qué sólo una parte de la educación, la impartida en escuelas públicas o privadas?  Si este tipo de educación es subvencionada, no hay razón alguna para que no se subvencione también la educación impartida en la casa”.  Otro trabajo (Navarro, 1999) reclama:  “la universalización (en España) de los servicios de ayuda a la familia”, y demuestra su factibilidad en términos de costos económicos.

 

            Frente a esta revalorización internacional del rol de la familia, y la verificación de sus enormes potencialidades de aporte a la sociedad, ¿qué sucede en los hechos en América Latina?  ¿Cuál es el contexto socioeconómico actual y como afecta a las familias concretas de la región?

 

III.                LOS AGUDOS INTERROGANTES SOCIALES

 

La evolución de la situación social de la región ha generado fuerte alarma en amplios sectores.  Diversos organismos internacionales, entre ellos las Naciones Unidas y el BID, han llamado la atención sobre los inquietantes déficits sociales.  La Iglesia, a través de sus máximas autoridades, ha hecho repetidos llamamientos a dar la máxima prioridad a las graves dificultades que experimentan extensos grupos de la población.  La ciudadanía ha indicado, por diversas vías, que considera que sus problemas de mayor gravedad se hallan en el área social.

 

            Según el Panorama Social de la CEPAL (2001) la población ubicada por debajo de la línea de la pobreza representaba el 41% de la población total de la región en 1980, cifra muy elevada en relación a los promedios del mundo desarrollado y de los países de desarrollo medio. Portugal, el país con más pobreza de la Unión Europea, tiene un 22% de la población pobre. La cifra empeoró en las dos últimas décadas y el porcentaje de pobreza latinoamericano pasó a significar en el 2002 el 44% de una población mucho mayor.


CUADRO 1

Evolución de la pobreza en América Latina, 2000-2002

(porcentaje de la población)

 

Año

Indigencia

Pobreza

2000

17.8%

42.1

2001

18.6%

43

2002

20.0%

44

** De 2000 a 2002 se generaron 15 millones de nuevos pobres.

 

          Los estimados nacionales indican que la pobreza tiene una alta presencia en toda la región con muy pocas excepciones. En Centroamérica son pobres el 75% de los guatemaltecos, el 73% de los hondureños, el 68% de los nicaragüenses y el 55% de los salvadoreños. Es pobre el 53% de la población peruana, más del 70% de la ecuatoriana, y el 63% de la boliviana. En México es pobre actualmente el 51.7% de la población, y en Brasil se estima que 44 millones de personas están en extrema pobreza ganando menos de un dólar diario (Proyecto Fome Zero, 2004). Argentina, es un caso muy ilustrativo de las dificultades de la región. Un país que tenía a inicios de los 60’s porcentajes menores al 10% en pobreza, llegó a fines del 2002 a un 58% de la población por debajo de la línea de la pobreza.

 

            La región presenta elevados niveles de desocupación e informalidad que son una causa central de la evolución de la pobreza. La tasa de desempleo promedio subió del siguiente modo:

CUADRO 2

América Latina. Crecimiento y Desempleo

1980 al 2003

Periodo

Tasa de desempleo urbano

1981-90                              

8.4%

1991-97   

8.8%

1998-03                               

10.4%

Fuente: CEPAL. Informes anuales.

 

            A esas altas tasas se suma el ascenso del porcentaje de la mano de obra activa que trabaja en la economía informal, constituida en tramos importantes por ocupaciones inestables, sin base económica sólida, de reducida productividad, bajos ingresos, y por la ausencia de toda protección social.  La informalización implica, según subraya Tokman (1998), un proceso de descenso de la calidad de los trabajos existentes.  En 1980 trabajaba, en la economía informal, el 40,6% de la mano de obra no agrícola ocupada; hoy es el 59%.  A ello se agrega la precarización.  Hay un número creciente de trabajadores sin contrato, y bajo contratos temporales.  Alrededor del 35% de los asalariados está en esas condiciones en Argentina, Colombia y Chile, y el 74% en el Perú.

 

            Uno de los puntos de preocupación central, con múltiples consecuencias, es que las serias dificultades ocupacionales son aún de mayor envergadura en los grupos jóvenes.  Así lo indica el cuadro siguiente:

 


CUADRO 3

América Latina: Desempleo Juvenil,
1990-2002 (Tasas Anuales)

País

Edad

1990

1995

2000

Argentina

15-19

21,7

46,6

39,5

15-24

15,2

30,1

..

Bolivia

10-19

13,3

5,0

..

20-19

9,5

5,4

..

Brasil

15-17

..

11,0

17,8

18-24

..

9,3

14,7

Chile

15-19

15,9

15,8

26,1

20-24

12,0

10,1

20,1

Colombia

12-17

..

21,0

44,7

18-24

..

16,6

34,8

Costa Rica

12-24

10,4

13,5

10,9

Ecuador

15-24

13,5

15,3

17,4

El Salvador

15-24

18,6

13,3

14,3

Honduras

10-24

10,7

10,2

..

México

12-19

7,0

13,1

5,4

20-24

..

9,9

4,1

Panamá

15-24

..

31,9

32,6

Paraguay

15-19

18,4

10,8

..

20-24

14,1

7,8

..

Perú

14-24

15,4

11,2

17,1

Uruguay

14-24

26,6

25,5

31,7

Venezuela

15-24

18,0

19,9

25,3

                                       Fuente: PNUD. La Democracia en América Latina. 2004.

           

Como se observa, el desempleo entre los jóvenes viene creciendo fuertemente en todos los países. Ello crea un foco de conflicto muy serio. 

 

Desempleo, subempleo y pobreza se ligan estrechamente.  Llevan a carencias de todo orden en la vida cotidiana.  Una de sus expresiones más extremas es la presencia, en diversos países, de cuadros alarmantes de desnutrición. Las cifras de desnutrición son elevadas en toda la región como puede apreciarse:

 


CUADRO 4

Desnutrición Infantil

A.                  País

Ultimo año

 

 

Argentina

1995/96

12,4

 

Bolivia

1998

26,8

 

Brasil

1996

10,5

 

Chile

1999

1,9

 

Colombia

2000

13,5

 

Costa Rica

1996

6,1

 

Ecuador

1998

26,4

 

El Salvador

1998

23,3

 

Guatemala

1999

26,4

 

Honduras

1996

38,9

 

México

1999

17,7

 

Nicaragua

1998

24,9

 

Panamá

1997

18,2

 

Paraguay

1990

13,9

 

Perú

2000

25,4

 

República Dominicana

1996

10,7

 

Uruguay

1992/93

9,5

 

Venezuela

2000

12,8

 

América Latina

 

18,9

 


Fuente: Cálculo basado en datos de la OMS, Departamento de Nutrición para la Salud y el Desarrollo 2002. PNUD. La Democracia en América Latina. 2004.

 

Un informe de la Organización Panamericana de la Salud y CEPAL (1998), destacaban sobre el problema:

           

            “Se observa en casi todos los países de la región un incremento en enfermedades no transmisibles crónicas asociadas con alimentación y nutrición”.

 

La desnutrición y otros aspectos de la pobreza, llevan a fuertes retrasos en los niños pobres, que van a afectar toda su existencia.  Estudios de UNICEF (1992), identificaron retrasos en el desarrollo psicomotor de una muestra de niños pobres a partir de los 18 meses de edad.  A los cinco años, la mitad de los niños de la muestra examinada presentaban retrasos en el desarrollo del lenguaje, 40% en su desarrollo general, y 30% en su evolución visual y motora.

 

IV.               LA REGION MAS DESIGUAL DEL PLANETA

 

Junto a la pobreza, la situación social de América Latina se singulariza por acentuadas inequidades. La región se ha convertido, según indican las cifras, en el Continente de mayor polarización social del mundo.  El Informe de Progreso Económico y Social del BID (1998/99) proporciona las siguientes cifras al respecto:

 

GRAFICO 1

Ingreso Que Recibe El 5% Más Rico

(porcentaje del ingreso total)

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


Como se observa, en América Latina el 5% más rico de la población recibe el 25% del ingreso.  La proporción supera a lo que recibe el 5% más rico en las otras áreas del globo.  A su vez, es la región donde el 30% más pobre de la población recibe el menor porcentaje del ingreso (7,6%) en relación a todos los otros continentes, como puede apreciarse en el siguiente gráfico del BID:


GRAFICO 2

Ingreso Que Recibe El 30% Más Pobre

(porcentaje del ingreso total)

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


Fuente Gráficos 1 y 2:  BID-IPES, 1998

 

Medida asimismo en términos del coeficiente de Gini, que da cuenta del nivel de desigualdad en la distribución del ingreso de una sociedad, América Latina presenta el peor coeficiente de Gini, a nivel mundial, como puede apreciarse a continuación:

 

CUADRO 5

INEQUIDAD COMPARADA

(medida con el coeficiente de Gini)

 

Países más desarrollados, en términos de equidad (Suecia, Dinamarca, Países Bajos, otros)

 

Países desarrollados

 

Gini promedio universal

 

América Latina

 

0,25 a 0,30

 

0,30

 

0,40

 

0,57

 

Cuanto más bajo es el coeficiente de Gini, mejor es la distribución del ingreso en una sociedad.  El de América Latina supera ampliamente a los de los países más equitativos, y es significativamente más elevado que la media mundial.

 

Pueden observarse cifras comparativas nacionales en el siguiente cuadro:

 

CUADRO 6
Indicadores de desigualdad para algunos de los países de América Latina, Estados Unidos e Italia

 

Coeficiente de Gini

Porcentaje del 10% superior en el ingreso total

Porcentaje del 20% inferior en el ingreso total

Relación entre los ingresos del décimo decil y el primer decil

Brasil (2001)

59,0

47,2%

2,6%

54,4

Guatemala (2000)

58,3

46,8%

2,4%

63,3

Colombia (1999)

57,6

46,5%

2,7%

57,8

Chile (2000)

57,1

47,0%

3,4%

40,6

México (2000)

54,6

43,1%

3,1%

45,0

Argentina (2000)

52,2

38,9%

3,1%

39,1

Jamaica (1999)

52,0

40,1%

3,4%

36,5

República Dominicana (1997)

49,7

38,6%

4,0%

28,4

Costa Rica (2000)

46,5

34,8%

4,2%

25,1

Uruguay (2000)

44,6

33,5%

4,8%

18,9

Estados Unidos (1997)

40,8

30,5%

5,2%

16,9

Italia (1998)

36,0

27,4%

6,0%

14,4

 

Fuente: Banco Mundial (2004). Desigualdad en América Latina y el Caribe. ¿Ruptura con la historia?.  Washington DC.

 

Las acentuadas disparidades sociales de la región tienen impactos regresivos en múltiples áreas. Entre ellas: reducen la capacidad de ahorro nacional, limitan el mercado interno, afectan la productividad, tienen diversos efectos negativos sobre el sistema educativo, perjudican la salud pública, potencian la pobreza, favorecen la exclusión social, erosionan el clima de confianza interno, y debilitan la gobernabilidad democrática.

 

Inequidad y pobreza interaccionan estrechamente. El empeoramiento de la inequidad ha operado como un factor de gran peso en el aumento de la pobreza en la región.  Así lo indican, entre otros estudios, los realizados por Birdsall y Londoño (1997). Los investigadores han reconstruido cuál sería la curva de pobreza de América Latina, si la desigualdad hubiera seguido en los 80, en los mismos niveles que presentaba a los inicios de los 70, que eran elevados, pero que se acentuaron después.

 


Las conclusiones son las que aparecen en el siguiente gráfico:

 

 

GRAFICO 3

EL IMPACTO DE LA DESIGUALDAD SOBRE LA POBREZA

EN AMERICA LATINA

1970-1995

 

 

 

Fuente:  Birdall, N. y J. L. Londoño.  “Asset inequality matters:  an assessment of the world Bank’s approach to poverty reduction”, American Economic Review, May, 1997.

 

La línea sólida del cuadro indica la evolución de la pobreza en millones de pobres entre 1970 y 1995.  La línea quebrada es una simulación econométrica que indica cuál hubiera sido esa evolución, si se hubiera mantenido la estructura de distribución de ingresos de inicios de los 70. La pobreza hubiera sido en ese caso, según estiman, la mitad de la que efectivamente fue.  Hay un “exceso de pobreza”, de importantes dimensiones, causado por el aumento de la desigualdad.

 

La pobreza y la inequidad tienen expresiones agudas en los indicadores de mortalidad materna e infantil.

 

La cifra promedio de niños que fallecen antes de cumplir 5 años de edad es en la región de 71 de cada 1.000. Supera a la de EastAsia-Pacific que es de 57.1. Muestra fuertes diferencias entre los países, ascendiendo en Haití a 140.6 y en Bolivia a 99.1. Son acentuadas las diferencias entre los diversos niveles sociales, como puede observarse:

 


CUADRO 7

Tasa de mortalidad de menores de 5 años

 

 

Tasa de mortalidad de menores de 5 años (en miles)

País /región

1

2

3

4

5

Promedio

Bolivia

146.5

114.9

104.0

47.8

32.0

99.1

Brasil

98.9

56.0

39.2

26.7

33.3

56.7

Colombia

52.1

37.1

30.7

34.9

23.6

37.4

Republica Dominicana

89.9

73.0

60.1

37.3

26.6

61.0

Guatemala

89.1

102.9

82.0

60.7

37.9

79.2

Haití

163.3

150.1

137.1

130.6

105.6

140.6

Nicaragua

68.8

66.6

52.5

48.5

29.7

56.0

Paraguay

57.2

50.0

59.0

39.4

20.1

46.6

Perú

110.0

76.2

48.0

44.1

22.1

68.4

LAC

97.3

80.8

68.1

52.2

38.8

71.7

Asia Oriental, Pacífico

84.0

62.9

53.7

41.1

27.1

57.1

Asia Central

82.5

64.5

69.8

57.5

40.2

64.9

Oriente Medio, Africa del Norte

140.6

117.8

92.2

80.1

50.4

100.3

Asia del Sur

144.2

152.6

136.1

110.8

71.7

126.6

Africa Subsahariana

191.7

190.9

174.3

156.6

112.4

168.4

Total Países

148.3

140.8

126.8

110.0

77.4

124.2


Fuente:  Banco Mundial (2004). Op.Cit.

 

            En el 20% más rico de la población de Bolivia, mueren 32 de cada 1000 niños antes de cumplir cinco años. En el 20% más pobre la cifra se quintuplica 146.5 por mil. Esta gravísima realidad tiene un sesgo étnico muy concreto. Recae fundamentalmente sobre población indígena. Lo mismo sucede en Perú, la mortalidad infantil antes de los 5 años del 20% más pobre quintuplica a las del 20% más rico, 111 vs. 22.2, y en Brasil la triplica 98.9 vs.33.3.

 

Las cifras de desnutrición infantil crónica muestran asimismo importantes disparidades por etnias, campo/ciudad, y estratos de ingresos. Véase el siguiente cuadro correspondiente a la región andina:

CUADRO 8

Ocurrencia de atraso en crecimiento juvenil (%) por país, lugar de residencia, etnicidad, región y status socioeconómico, en cuatro países andinos

 

 

País

 

Colombia

Ecuador

Perú

Bolivia

Lugar de residencia (1)

 

 

 

 

Ciudades grandes

12.7

20.7

13.2

18.5

Ciudades pequeñas

10.9

22.4

20.1

20.3

Pueblos

14.0

28.2

27.2

22.4

Area rural

19.3

35.2

40.8

37.2

Etnicidad

 

 

 

 

Población No indígena

… (2)

24.2

22.5

23.7

Población Indígenas

58.2

47.0

50.5

Región

 

 

 

 

Altiplano

33.3

38.5

31.2

Otras regiones

22.2

18.2

23.9

Deciles de SES (3)

 

 

 

 

1 (menor)

26.8

38.5

49.6

42.2

2

24.1

51.8

46.8

39.9

3

17.1

30.6

39.6

38.7

4

14.9

27.6

32.5

32.8

5

16.3

17.9

23.4

31.8

6

15.2

24.4

19.9

25.0

7

11.0

19.0

18.3

22.7

8

11.7

19.1

12.8

18.2

9

6.3

15.8

12.6

13.5

10 (mayor)

5.4

11.9

5.2

9.7

Indice de Concentración (4)

-0.221

-0.223

-0.311

-0.223

Total países

14.9

26.5

26.1

26.9


(1) Según encuestas del DHS (Colombia, Perú, y Bolivia), Las ciudades grandes incluyen capitales nacionales y ciudades de más de 1 millón de habitantes, y las ciudades pequeñas tienen un rango de población de 50000 a 1 millón. Según encuestas de LSMS (Ecuador), las ciudades pequeñas tienen un rango de 5000 a 1 millón.

(2) El siguiente símbolo (...) indica que la información no está disponible.

(3) Deciles de SES son tomados para niños, y no corresponden a los deciles de la población, debido a las diferencias socioeconómicas en fertilidad

(4) El índice de concentración mide la desigualdad social en el atraso en el crecimiento. El índice de concentración es una generalización del coeficiente de Gini, y oscila entre –1 y 0. Los valores cercanos a –1 indican mayor desigualdad social.

Fuente:  Larrea, Carlos y Wilme Freire (2002). Social inequality and child malnutrition in four Andean countries. Pan American Journal of Public Health. May-June.

 

                Las tasas de desnutrición infantil andinas son altas superan en Bolivia, Ecuador y Perú el 21%. Pero muestran asimismo claros gradientes económicos. En general en los países andinos las tasas de desnutrición crónica son tres veces mayores en los deciles más pobres, que en los más ricos. Así por ejemplo en el 10% más rico de Ecuador, sólo el 11% de los niños presenta problemas de desnutrición, en el 10% más pobre la cifra casi se cuadruplica. En la población indígena la cifra llega al 58%.

 

            La mortalidad materna se cobra numerosas victimas en la región. Según denunció la OPS recientemente (2004) 23.000 mujeres mueren en América Latina y el Caribe durante el embarazo o el parto en la gran mayoría de los casos por “causas evitables que son prevenidas en forma rutinaria en los países desarrollados”. El riesgo de fallecer por dar a luz es en América latina de 1/160 frente al 1/4000 en Europa occidental,  25 veces mayor. Mientras que en Estados Unidos mueren anualmente 17 madres por cada 100.000 niños nacidos vivos, en Haití son 600 y en Colombia 100.

 

Entre las causales básicas, estas cifras están vinculadas  con la inexistencia de asistencia médica institucionalizada. El 24% de las madres no tienen asistencia médica durante el embarazo, y una tercera parte no tiene atención médica en el momento del  parto. Las cifras muestran altos sesgos según los gradientes económicos como puede observarse:

 
CUADRO 9
Cuidados básicos prenatal y partos asistidos

 

 

Tasas de cuidados básicos prenatales
(por personas médicamente entrenadas)

Tasas de partos asistidos
(por personas médicamente entrenadas)

B.    País / región

1

2

3

4

5

Promedio

CI

1

2

3

4

5

Promedio

CI

Bolivia

38.8

57.8

70.4

88.6

95.3

65.1

0.17

19.8

44.8

67.7

87.9

97.9

56.7

0.28

Brasil

67.5

87.7

93.4

96.9

98.1

85.6

0.08

71.6

88.7

95.7

97.7

98.6

87.7

0.07

Colombia

62.3

81.1

89.8

95.4

95.9

82.5

0.09

60.6

85.2

92.8

98.9

98.1

84.5

0.09

República Dominicana

96.1

98.2

99.0

99.2

99.9

98.3

0.01

88.6

96.9

97.3

98.4

97.8

95.3

0.02

Guatemala

34.6

41.1

49.3

72.2

90.0

52.5

0.19

9.3

16.1

31.1

62.8

91.5

34.8

0.42

Haití

44.3

60.0

72.3

83.7

91.0

67.7

0.14

24.0

37.3

47.4

60.7

78.2

46.3

0.21

Nicaragua

67.0

80.9

86.9

89.0

96.0

81.5

0.07

32.9

58.8

79.8

86.0

92.3

64.6

0.19

Paraguay

69.5

79.5

85.6

94.8

98.5

83.9

0.07

41.2

49.9

69.0

87.9

98.1

66.0

0.18

Perú

37.3

64.8

79.1

87.7

96.0

67.3

0.17

13.7

48.0

75.1

90.3

96.6

56.4

0.31

América Latina y el Caribe

57.5

72.3

80.6

89.7

95.6

76.0

0.11

40.2

58.4

72.9

85.6

94.3

65.8

0.20

Asia Oriental, Pacífico

64.9

80.7

86.9

91.4

96.2

81.9

0.08

30.5

53.0

68.4

80.6

93.4

60.8

0.22

Asia Central

78.2

84.7

86.8

93.3

96.3

86.9

0.05

82.7

92.3

95.1

98.6

99.7

92.8

0.04

Medio Oriente, Africa del Norte

13.7

21.1

33.4

49.3

73.0

35.2

0.32

12.8

21.7

37.7

58.6

82.2

38.5

0.36

Sur de Asia

16.8

23.2

28.8

43.0

70.9

34.6

0.30

5.3

8.1

11.7

21.9

49.3

17.7

0.46

Africa SubSahariana

61.1

69.5

74.9

84.2

93.6

75.7

0.10

24.6

32.9

41.2

59.2

82.1

46.2

0.26

TODOS LOS PAISES

55.0

64.8

71.1

80.6

91.0

70.8

0.13

31.2

42.1

51.6

66.2

84.0

52.5

0.25


Fuente:  Banco Mundial (2004). Op. Cit. Investigaciones Demográficas y de Salud (DHS) 2002.

 

En el 20% más rico de la población las cifras de asistencia institucionalizada superan el 90% tanto en la atención durante el embarazo como en el parto.  En el 20% más pobre los déficits son agudísimos. En Bolivia el 60% carece de atención prenatal, y el 80% de asistencia médica durante el parto. En Brasil casi un tercio del quintil más pobre carece de atención institucionalizada en ambos casos. En Perú en el 20% más pobre un 60% no tiene atención durante el embarazo y un 86% no la tiene durante el parto.

 

La inequidad muestra también significativas expresiones en dos áreas claves para la infancia como el contar con una cobertura completa de vacunación y la prevalencia de diarreas. Como puede apreciarse a continuación el 20% más pobre de la región  tiene pronunciados problemas en ambos campos en relación al 20% más rico. En materia de cobertura completa de vacunas, mientras el 56% del quintil más rico cuenta con ella, en el más pobre el porcentaje es un 17% menor, 39%. La prevalencia de diarreas en los niños más que duplica en el 20% más pobre al 20% más rico en países como entre otros Brasil, Bolivia, y Perú.

CUADRO 10
Cobertura completa de inmunización y ocurrencia de diarrea

 

 

Alcance de Inmunización

Ocurrencia de diarrea (%)

C.    País / región

1

2

3

4

5

Promedio

CI

1

2

3

4

5

Promedio

CI

Bolivia

21.8

24.9

21.0

33.4

30.6

25.5

0.08

21.8

19.8

20.5

17.9

11.7

19.2

-0.07

Brasil

56.6

74.0

84.9

83.1

73.8

72.5

0.07

18.3

12.9

12.7

9.3

7.4

13.1

-0.16

Colombia

53.8

66.9

68.2

70.6

74.1

65.5

0.06

18.4

19.8

16.8

14.9

10.0

16.7

-0.09

República Dominicana

28.0

30.2

46.9

42.6

51.7

38.7

0.12

17.9

16.4

17.8

14.1

10.1

15.7

-0.08

Guatemala

41.2

43.0

47.2

38.3

42.5

42.6

0.00

22.8

21.5

23.3

17.7

16.0

20.9

-0.06

Haití

18.8

20.1

35.3

37.9

44.1

30.2

0.17

30.9

27.1

24.4

31.6

20.4

27.4

-0.04

Nicaragua

61.0

74.6

75.3

85.7

73.1

72.6

0.05

16.1

14.0

14.2

14.4

8.7

14.0

-0.07

Paraguay

20.2

30.8

36.4

40.7

53.0

34.2

0.18

9.8

8.5

9.2

7.4

4.6

8.1

-0.11

Perú

55.3

63.8

63.5

71.7

66.0

63.0

0.04

21.4

20.3

18.6

14.1

9.3

17.9

-0.11

América Latina y el Caribe

39.6

47.6

53.2

56.0

56.5

49.4

0.09

19.7

17.8

17.5

15.7

10.9

17.0

-0.09

Asia Oriental, Pacífico

48.3

56.8

60.3

64.6

72.9

59.3

0.08

10.5

9.9

9.9

8.6

6.3

9.3

-0.08

Asia Central

64.2

67.9

71.8

75.7

77.4

70.9

0.04

19.0

15.6

15.0

14.6

13.7

15.8

-0.02

Medio Oriente, Norte de Africa

42.2

53.3

62.5

73.2

81.1

61.0

0.17

21.0

20.3

19.1

17.2

14.7

18.7

-0.06

Sur de Asia

29.8

31.4

41.6

49.8

64.4

42.0

0.17

17.0

14.4

14.3

15.3

12.4

14.9

-0.04

Africa Subsahariana

33.6

42.0

44.4

53.1

66.9

47.3

0.17

24.5

23.3

22.5

22.6

18.2

22.3

-0.05

TODOS LOS PAISES

38.3

45.8

50.3

57.2

66.6

50.7

0.14

21.2

19.6

19.1

18.5

14.8

18.9

-0.05

                           Fuente:  Banco Mundial (2004). Op. Cit. Investigaciones demográficas y de salud (DHS) 2002.

     ¿Cuál es el impacto de la pobreza y la inequidad sobre una institución fundamental del tejido social, la familia?

 

V.                  ALGUNOS IMPACTOS DE LA SITUACION SOCIAL SOBRE LA FAMILIA LATINOAMERICANA

 

La familia es un ámbito determinante de los grados de crecimiento, realización, equilibrio, salud, y plenitud efectiva, que las personas pueden alcanzar.  La sociedad y sus miembros juegan aspectos centrales de su progreso y bienestar en las condiciones en que operan las estructuras familiares.

 

El deterioro de parámetros socioeconómicos básicos de la vida cotidiana de amplios sectores de la población de la región, está incidiendo silenciosamente en un proceso de reestructuración de numerosas familias.  Está surgiendo el perfil de una familia desarticulada en aspectos importantes, inestable, significativamente debilitada.

 

Ese tipo de familia difícilmente puede cumplir las funciones potenciales de la unidad familiar, caracterizadas en una sección anterior. Ello hace que el reducto último con que cuenta la sociedad para hacer frente a las crisis sociales, carezca por su debilidad de la posibilidad de jugar el rol que podría desempeñar.

 

Entre las principales expresiones de los procesos en curso, respecto a las familias, se hallan las que se presentan someramente a continuación.

 

A.                 Mujeres solas jefas de hogar

 

Un número creciente de unidades familiares tiene sólo uno de los progenitores al frente, en la inmensa mayoría de los casos, la madre.  La correlación con pobreza es muy estrecha.  Un gran porcentaje de las mujeres jefas de hogar pertenecen a estratos humildes de la población.  Un estudio BID-CEPAL-PNUD (1995) describe así la situación:

 

“La casi totalidad de los países de América Latina tienen porcentajes de hogares con jefatura femenina superiores al 20%, lo que contribuye fuertemente al fenómeno conocido como “la feminización de la pobreza”.  Los estudios de CEPAL dejan en evidencia la mayor pobreza relativa -muchas veces la indigencia- de los hogares a cargo de una mujer”.

 


B.                  Efectos de la familia incompleta sobre los hijos

 

Las consecuencias de pertenecer a una familia en donde el progenitor masculino se halla ausente son muy considerables.  Además de lo que significa afectivamente, los padres aportan a los hijos activos fundamentales para la vida.  En una investigación pionera sobre el tema, Katzman (1997) reconstruye el cuadro resultante.  Señala sobre el rol del padre:

 

“La presencia del padre es clave para proveer o reforzar ciertos activos de los niños:  i) como modelo forjador de identidades, especialmente para los varones; ii) como agente de contención, de creación de hábitos de disciplina y transmisor de experiencias de vida; iii) como soporte material, ya que la falta del aporte del padre reduce considerablemente los ingresos del hogar, particularmente porque las mujeres ganan entre un 20% y un 50% menos que los hombres, y  iv) como capital social, en la medida en que la ausencia del padre implica la pérdida de una línea de contacto con las redes masculinas, tanto en el mundo del trabajo como en el de la política y que además, al cortarse el nexo con las redes de parientes que podría aportar el padre, disminuyen significativamente los vínculos familiares potenciales”.

 

La ausencia del padre va a significar la inexistencia de todos estos activos.  Las consecuencias pueden ser muy concretas.  Va a afectar el rendimiento educacional ante el empobrecimiento del clima socioeducativo del hogar, va a pesar fuertemente sobre el desarrollo de la inteligencia emocional, golpea la salud, crea condiciones propicias para sensaciones de inferiorización, aislamiento, resentimiento, agresividad, resta una fuente fundamental de orientación en aspectos morales.  Investigando el caso de los menores internados en el Instituto Nacional del Menor, en el Uruguay, Katzman encuentra que sólo uno de cada tres formaba parte de una familia normal cuando se produjeron los hechos que condujeron a su internación.  La cifra, como señala, es sugerentemente similar a la que arroja el estudio sobre centros de detención juvenil en EEUU.  El 63,8% de los niños internados en el Uruguay vivía con su madre, un 30,8% con un padrastro o madrastra, y el 5,4% sin sus padres.

 

Las fuertes desventajas relativas de los niños criados en hogares de este tipo se agudizan, como marca el investigador, en las condiciones de los mercados de trabajo modernos.  Los mismos exigen un nivel de preparación cada vez mayor.  Ello significa procesos educativos cada vez más extensos.  Contar con una familia integrada, que apoye emocional, y prácticamente, ese esfuerzo prolongado es estratégico para culminarlo. Los niños y jóvenes de familias desarticuladas carecen de este capital social clave.

 

C.                  La renuencia a formar y mantener familias

 

Una proporción creciente de hombres jóvenes de los estratos humildes se resisten a constituir hogares estables.  Ello va a aumentar las tasas de familias irregulares e inestables (concubinatos).  Esta tendencia parece fuertemente influida por el crecimiento de la pobreza, la desocupación y la informalidad en la región.  En muchos de estos casos, el joven no ve la posibilidad de encontrar un empleo estable que le permita cumplir el rol de proveedor principal de los ingresos del hogar, que se espera de él.  Por otra parte, un porcentaje significativo de la población, con ocupación, gana salarios mínimos que se hallan por debajo de los ingresos que se necesitarían para solventar los gastos básicos de una familia, aunque se cuente con aporte femenino.  La situación general, como lo indican las encuestas, muestra además un gran temor por la inestabilidad que caracteriza al mercado de trabajo.  A todo ello se suman dificultades objetivas como las severas restricciones para acceder a una vivienda.  En estas condiciones, el joven no se ve a sí mismo en rol de esposo y padre de una familia estable.  Percibe que le será casi imposible afrontar las obligaciones que ello supone.

 

Un conflicto similar parece ser uno de los precipitantes del abandono de hogar de jóvenes de las zonas pobres urbanas.  Katzman (1992) sugiere que la aparente “irresponsabilidad” con que actúan, estaría influida por la sensación de que están perdiendo legitimidad en su rol de esposos y padres, al no poder cumplir con la obligación de aportar buena parte de los ingresos del hogar.  Sienten dañada su autoestima en el ámbito externo, por la dificultad de encontrar inserción laboral estable, y en el familiar, porque no están actuando según lo que se espera de su rol.  A ello se suma un creciente nivel de expectativas de consumo en los hijos de hogares humildes, incidido por el mensaje de los medios masivos de comunicación.  El joven cónyuge se siente así muy exigido, impotente para poder enfrentar las demandas, y desacreditado.  En psicología social se plantea que en estas situaciones altamente opresivas, las personas tienden a enfrentarlas hasta las ultimas consecuencias, o a producir lo que se denominan conductas de “fuga” de las mismas.

 

D.                  Nacimientos ilegítimos

 

Un claro síntoma de erosión de la unidad familiar lo da el aumento del número de hijos ilegítimos.  La renuencia a formar familia estimula el crecimiento de la tasa de nacimientos de este orden.  Los estudios de Katzman sobre el Uruguay muestran la siguiente tendencia:


CUADRO 11

Uruguay:  Ilegitimidad De Nacimientos

En Montevideo, 1975, 1984 y 1993

Años

Tasas de ilegitimidad (%)

1975

20,9

1984

23,8

1993

34,5

                                         Fuente:  Rubén Katzman, “Marginalidad e integración social en Uruguay, Revista de la CEPAL, Nº 62,
                                         agosto de 1997.

 

Como se observa, en sólo 18 años el número de hijos ilegítimos en Montevideo aumentó en un 65%.  La ilegitimidad tiene más alto nivel de presentación en las madres más jóvenes, pero es alta en todas las edades.

 

E.                  Madres precoces

 

Ha aumentado significativamente en la región el número de madres adolescentes.

 

En la gran mayoría de los casos, la maternidad en la adolescencia no forma familias integradas.  Queda sola la madre, con  los hijos.  Es, asimismo, una causa importante del crecimiento de niños ilegítimos antes referido.  Constituye, de por sí, una fuente de familias extremadamente débiles.

 

Según las cifras disponibles se halla estrechamente asociada a la pobreza. En los centros urbanos, en el 25% más pobre de la población, el 32% de los nacimientos son de madres adolescentes. En las zonas rurales, el 40%.  En el 25% siguiente, en nivel de ingresos, las cifras son 20%, en los centros urbanos y 32%, en las áreas rurales.  En total, el 80% de los casos de maternidad adolescente urbana, de la región, están concentrados en el 50% más pobre de la población, mientras que el 25% más rico, sólo tiene un 9% de los casos.  En las zonas rurales las cifras son, 70% de los casos en el 50% más pobre, y 12% en el 25% más rico.

 

Aun dentro de los sectores pobres, se observa que cuanto mayor es el nivel de pobreza, más alta es la tasa de maternidad adolescente.

 

La fuerte correlación entre pobreza y maternidad adolescente, permite inferir que aumentos en la pobreza, como los que se están produciendo en la región, actuarán de estímulos de este orden de maternidad y, por tanto, de la generación de familias muy débiles.

 

Una variable central en este proceso. es un componente de la pobreza: las carencias educativas.  En los centros urbanos de la región, el porcentaje de madres adolescentes entre las jóvenes urbanas con menos de seis años de educación, es del 40%.  Supera a los promedios nacionales del 32%.  En el grupo que tiene 6 a 9 años de estudio, el porcentaje de casos de maternidad adolescente desciende al 30%.  En las jóvenes con 10 a 12 años de estudio baja al 15%, y en las que tienen 13 ó más años de estudio, es inferior al 10%.

 

La situación que subyace tras el embarazo adolescente en los sectores desfavorecidos configura un “círculo perverso regresivo”.  La pobreza y la inequidad impactan severamente a dichos sectores en materia educativa.  Con limitada escolaridad, recuérdese que la escolaridad promedio de toda América Latina es de sólo 5,2 años, y la de los sectores pobres considerablemente menor, se dan condiciones que facilitan el embarazo adolescente.  A su vez, la maternidad en la adolescencia va a conducir a que estas jóvenes dejen sus estudios.  Las cifras indican que las madres pobres adolescentes tienen un 25 a un 30% menos de capital educativo que las madres pobres que no han tenido embarazo adolescente.  Al tener menor nivel educativo, e hijos, las madres adolescentes verán reducidas sus posibilidades de obtener trabajos e ingresos, consolidándose y profundizándose la situación de pobreza.

 

F.                  Violencia doméstica

 

En la región tiene gran amplitud el fenómeno de la violencia domestica.  Según estiman Buvinic, Morrison y Schifter (1999), entre 30 y 50% de las mujeres latinoamericanas -según el país en que vivan- sufren de violencia psicológica en sus hogares, y un 10 a un 35%, de violencia física.

 

Además de su inhumanidad básica, y sus múltiples repercusiones sobre la mujer, la violencia doméstica causa daños graves a la estructura familiar y tiene repercusiones de todo tipo en los hijos.  Un estudio realizado por el BID en Nicaragua (1997), muestra que los hijos de familias con violencia intrafamiliar son tres veces más propensos a asistir a consultas médicas, y son hospitalizados con mayor frecuencia.  El 63% de ellos repite años escolares y abandona la escuela, en promedio, a los 9 años de edad.  Los de hogares sin violencia permanecen, promedio, hasta los 12 años en la escuela.

 

Por otra parte, la violencia doméstica es a su vez un modelo de referencia con posibilidades de ser reproducido por los hijos, lo que llevará también a que constituyan familias con serias deficiencias.  Diversos estudios, entre ellos Strauss (1980), indican que la tasa de conductas de este orden, en hijos que han visto en sus hogares este comportamiento, supera ampliamente a las observables en hijos de familias sin violencia.

 

Si bien el fenómeno es de gran complejidad e influido por numerosas variables, la pobreza aparece claramente como un factor de riesgo clave.  Según refiere Buvinic (1997), en Chile, por ejemplo, los casos de violencia física son cinco veces más frecuentes en los grupos de bajos ingresos, y la violencia física grave es siete veces más común en ellos, verificándose también esas relaciones en otros países.

 

Las realidades cotidianas de desocupación, subocupación, informalidad, antes mencionadas, y otros procesos de deterioro económico, tensan al máximo las relaciones intrafamiliares, y crean ambientes propicios a este fenómeno, fatal para la integridad de la familia.

 

G.                 Incapacidad de la familia de proporcionar una infancia normal

 

            La pobreza y la inequidad colocan a numerosas familias en serias dificultades para poder dar a sus hijos la infancia que desearían y que correspondería.  Se abren ante la presión de las carencias, un cúmulo de situaciones que afectan duramente a los niños, crean todo orden de conflictos en la unidad familiar, e impiden que la familia cumpla muchas de sus funciones.

 

Una de las expresiones principales de la problemática que se plantea es la figura del niño que trabaja desde edades tempranas. Obedece en muchísimos casos a razones esencialmente económicas.  Es enviado a trabajar, o se procura trabajos, para poder realizar algún aporte al hogar carenciado del que proviene y poder subsistir personalmente.  Como lo ha señalado reiteradamente la OIT, la situación del niño trabajador es muy dura, y contradice los convenios internacionales vigentes de protección del niño, y los objetivos básicos de cualquier sociedad.  Son largas jornadas, graves riesgos de accidentes de trabajo, ninguna protección social, magras remuneraciones.  Asimismo, implica en muchos casos el retraso escolar o, directamente, la deserción del sistema educacional.  Ello lo colocará en condiciones de inferioridad para ingresar al mercado de trabajo en el futuro. Según la OIT, 22 millones de niños menores de 14 años trabajan en la región.

 

            La vinculación entre pobreza, y trabajo infantil es muy estrecha.  En Brasil, se estima que el 54% de los niños menores de 17 años que trabaja, proviene de hogares con renta per capita menor al salario mínimo.

 

H.                  Los niños de la calle

 

Existe en la región una población creciente de niños que viven en las calles de muchas urbes.  Se los puede encontrar en  Río, Sao Paulo, Bogotá, México, Tegucigalpa, y muchas otras ciudades, sobreviviendo en condiciones cruentas.  Buscan cada día el sustento para vivir.  Están expuestos a todo tipo de peligros.  Se han encarnizado con ellos grupos de exterminio, y se ha estimado que no menos de 3 niños de la calle son asesinados diariamente en ciudades del Brasil, entre otros países.  No se ha logrado cuantificar su número preciso, pero pareciera que tiende a aumentar significativamente.  El Papa Juan Pablo II, que ha denunciado permanentemente esta situación inhumana, los describió, señalando que son “niños abandonados, explotados, enfermos”. 

 

            La presencia y aumento de los niños de la calle tiene que ver con múltiples factores, pero claramente a su centro está denotando una quiebra profunda de la estructura básica de contención, la familia.  Los procesos de erosión de la familia, de desarticulación de la misma, de constitución de familias precarias, y las tensiones extremas que genera al interior de la familia, la pauperización, minan silenciosamente la capacidad de las familias de mantener en su seno a estos niños.  Es una situación de frontera que está indicando la gravedad del silencioso debilitamiento de muchas unidades familiares de la región.

 

            Cuestiones como el aumento en mujeres solas jefas de hogar, renuencia de hombres jóvenes a formar familias, nacimientos ilegítimos, madres precoces, violencia doméstica, incapacidad de las familias de proporcionar una infancia normal, niños de la calle, son parte de este cuadro de debilitamiento. Deben ser priorizadas en las políticas públicas y por toda la sociedad, y se les deben buscar soluciones urgentes.


UNA REFLEXION DE CONJUNTO

 

¿Son enfrentables el conjunto de problemas identificados?

 

No es admisible ninguna declaración de impotencia al respecto; América Latina, tiene enormes recursos potenciales de carácter económico y una historia plena en valores como para encarar problemas de este orden.  Cuenta actualmente, asimismo, con un logro de gigantescas proporciones, la democratización de la región.  Este desafío tiene que ser prioridad para las democracias establecidas en toda la región, con tantos esfuerzos y luchas de la población.  Es lo que se espera de un sistema democrático.

 

Amartya Sen (1981) ha identificado cómo las grandes hambrunas masivas de este siglo se han producido bajo regímenes dictatoriales.  En cambio, en la democracia, la presión de la opinión pública, de los medios, de diversas expresiones de la sociedad organizada, obligan a los poderes públicos a prevenirlas.

 

Los Estados y las sociedades latinoamericanas se deben proponer amplios pactos sociales para fortalecer la familia.

 

Las políticas públicas en la región deben tomar debida nota de la trascendencia de los roles que juega la familia y actuar en consonancia.  En el discurso público usual en América Latina se hace continua referencia a la familia, pero en la realidad no hay un registro en términos de políticas públicas.  Son limitados los esfuerzos para montar políticas orgánicas de protección y fortalecimiento a la unidad familiar, agobiada por el avance de la pobreza y la inequidad.  Existen numerosas políticas sectoriales, hacia las mujeres, los niños, los jóvenes, pero pocos intentos para armar una política vigorosa hacia la unidad que los enmarca a todos, y que va a incidir a fondo en la situación de cada uno, la familia.

 

La política social debería estar fuertemente enfocada hacia esta unidad decisiva.  Es necesario dar apoyo concreto a la constitución de familias en los sectores desfavorecidos, proteger detalladamente los diversos pasos de la maternidad, respaldar las sobre exigencias que se presentan a las familias con problemas económicos en los trances fundamentales de su existencia, darles apoyo para erradicar el trabajo infantil y para que sus niños puedan dedicarse a la escuela, desarrollar una red de servicios de apoyo a las mismas (guarderías, apoyos para ancianos y discapacitados, etc.), extender las oportunidades de desarrollo cultural, y de recreación familiar.  Ello exige políticas explícitas, contar con instrumentos organizacionales para su ejecución, asignación de recursos, alianzas entre sector público y sectores de la sociedad civil que pueden contribuir a estos objetivos.

El peso de la pobreza y la inequidad sobre los sectores humildes de América Latina, está creando “situaciones sin salida” que es imprescindible enfrentar, a través de políticas como las referidas, y otras que aborden los planos trascendentales del empleo, la producción, y diversos aspectos económicos.  Es inadmisible que puedan seguir operando “círculos de hierro” como el que capta un informe sobre la familia, de CEPAL (Panorama Social de América Latina, 1997).  Señala que “según el país, entre el 72 y el 96%de las familias en situación de indigencia o pobreza tienen padres con menos de 9 años de instrucción”.  Ello significa que la pobreza lleva en la región a limitada educación, que a su vez conduce a formar familias cuyos hijos tendrán reducida escolaridad, lo que influirá en mantener destinos familiares de pobreza intergeneracionalmente.

 

Se podrá argüir que no existen recursos para llevar adelante políticas de familia renovadas.  Es necesario, desde ya, hacer todo lo posible para que los países crezcan, mejoren su productividad y competitividad, y se amplíen los recursos, pero al mismo tiempo se hace imprescindible no perder de vista las prioridades finales del desarrollo y se debe procurar protegerlas.  Sociedades más pobres que otras tienen sin embargo mejores resultados en términos de familia, porque en sus políticas públicas y sus asignaciones presupuestarias han dado efectivo apoyo a las madres, los niños y las unidades familiares.  Asimismo, se deben ampliar los recursos convocando ampliamente a toda la sociedad a participar activamente de políticas de respaldo a la familia.  Diversas sociedades avanzadas del mundo cuentan, en este campo, con importantes aportes de la sociedad civil y de trabajo voluntario

 

Fortaleciendo la familia se está mejorando el capital humano de la sociedad, palanca del crecimiento económico, y el desarrollo social, y base de la estabilidad democrática, pero incluso, más allá de ello, actuar en esta dirección no es sólo mejorar un medio, hace al fin último de toda sociedad democrática.  La familia es una base fundamental para múltiples áreas de actividad, pero es sobre todo un fin en sí mismo.  Fortalecerla es dar paso efectivo a las posibilidades de desarrollo de las potencialidades del ser humano, es dignificarlo, es ampliar sus oportunidades, es hacer crecer su libertad real.

 

Cada hora que transcurre en esta América Latina, afectada por los problemas sociales descriptos, sin que haya políticas efectivas en campos como este, significará más familias destruidas, o que no llegaran a formarse, madres adolescentes, niños desertando de la escuela, jóvenes excluidos.  La ética, en primer lugar, la propuesta de la democracia, y el ideario histórico de la región, exigen sumar esfuerzos, y actuar con urgencia para evitarlo.


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