LA FAMILIA
EN AMERICA LATINA
REALIDADES,
INTERROGANTES Y PERSPECTIVAS
Bernardo Kliksberg
Documento de apoyo a la exposición del autor
sobre “Evolución de la relación
del niño, la niña y el adolescente con la Familia” en el
XIX Congreso Panamericano del Niño, México, 27-29 Octubre 2004
I.
UNA AGUDA Y
SILENCIOSA DISCRIMINACION
La
aspiración a una sociedad entre cuyos pilares esté la superación de las
discriminaciones se halla en las entrañas del “sueño latinoamericano”. Recorre toda la historia del Continente,
tiene profundas representaciones a nivel nacional en casi todos los países, y
es objeto actualmente de continuas luchas. En estos tiempos en donde con
grandes sacrificios los pueblos han logrado hacer avanzar procesos genuinos de
democratización, se suceden los esfuerzos para denunciar las discriminaciones
de toda índole, y bregar por su superación.
Sin embargo, no bastan los sueños para cambiar las
duras realidades de la región. La
recorren graves tendencias hacia la
pauperización y la polarización
social, que están despertando fuerte preocupación hacia el interior de los
países, e internacionalmente, y que son el contexto propicio para la
acentuación de discriminaciones. Así
las desigualdades extremas en el acceso a oportunidades socioeconómicas, mantienen y agudizan dramas como la miseria
en que viven las comunidades indígenas, la marginación en algunos países de la
población de color, la inferiorización de la mujer particularmente la mujer
pobre en diversas áreas, la marginación de los discapacitados, y de las edades
mayores. De todo ello surge una sociedad con fuertes fracturas, que generan
exclusión, tensión social, y con frecuencia ideologías intolerantes
racionalizadoras de las mismas.
Deseamos
poner a foco en este trabajo un aspecto de las discriminaciones que recorren la
realidad de la región que debería ser objeto de muchísima más atención. Se trabaja cada vez sobre las inequidades
que la caracterizan en planos como el acceso al trabajo, la distribución de
ingresos, las oportunidades educativas, el acceso a cobertura de salud, pero son limitados los análisis sobre
que esta pasando en una cuestión vital:
las posibilidades que tienen los diversos estratos sociales en cuanto a
la conformación de una unidad familiar sólida y estable. Las cifras indican que son muy
diferenciadas, que allí se esta produciendo un silencioso drama de vastas
proporciones.
Independientemente
de su voluntad numerosas parejas jóvenes no tienen las oportunidades reales
para conformar o mantener una familia.
Muchas familias son destruidas ante el embate de la pobreza y la
desigualdad, otras se degradan, y otras no llegan siquiera a ser
constituidas. Hay una grosera
discriminación en este campo, que es reforzada por la falta de políticas
públicas activas enfatizadas en la protección de la unidad familiar. Todo ello afecta visceralmente la visión de una sociedad pluralista, y diversa. El derecho elemental a la conformación y desarrollo de una familia,
debería ser uno de sus pilares.
En este trabajo se desea
sobre todo estimular la investigación, la reflexión, y el intercambio al
respecto. Para ello en un primer
momento se plantean algunos elementos sobre los roles claves que juega la
familia en las sociedades actuales, y en el mismo proceso de desarrollo. En segundo término, se refieren algunos
datos sobre los agudos problemas sociales que sufre la región caracterizando el
contexto en el que viven las familias en la misma. En tercer término, se examinan ciertos impactos de este contexto
sobre la unidad familiar. Finalmente se
efectúa una reflexión de conjunto.
A inicios del
siglo XXI existe una creciente revalorización del rol de la familia en la
sociedad. Desde la perspectiva espiritual
la familia apareció siempre como la unidad básica del género humano. Las grandes cosmovisiones religiosas
destacaron que su peso en lo moral y afectivo era decisivo para la vida. En los últimos años han agregado a esa
perspectiva fundamental, conclusiones de investigación de las ciencias sociales
que indican que la unidad familiar realiza, además, aportaciones de gran valor
en campos muy concretos.
Entre otros
aspectos, las investigaciones destacan el papel de la familia en el rendimiento
educativo, en el desarrollo de la inteligencia emocional, en las formas de
pensar, en la salud y en la prevención de la criminalidad.
La calidad de
las escuelas tiene un fuerte pero en el rendimiento educativo. El curriculum, la calificación de los docentes,
los textos escolares, los otros materiales de apoyo utilizados, la
infraestructura escolar, influyen en todos los aspectos de los procesos de
aprendizaje. Pero hay otros factores
incidentes, según refieren las investigaciones. Según concluye CEPAL (1997), el 60% de las diferencias en
performance estarían vinculados al clima educacional del hogar, su nivel
socioeconómico, la infraestructura de vivienda (hacinadas y no hacinadas), y el
tipo de familia. Aspectos básicos de la
estructura de la familia tendrían, por tanto, fuerte influencia en los
resultados educativos. Estarían, entre
ellos, elementos como el grado de organicidad del núcleo familiar, el capital
cultural que traen consigo los padres, su nivel de dedicación a seguir los
estudios de los hijos, su apoyo, y estímulo permanente, a los mismos.
Múltiples
estudios corroboran esta tendencia y el papel clave de la fortaleza del núcleo
familiar. La Secretaría de Salud y
Servicios Humanos de EEUU realizó un estudio sobre 60.000 niños. Wilson (1994) informa sobre sus
conclusiones:
“En todos los niveles de ingreso, salvo el muy alto (más de
50.000 dólares al año), en el caso de los dos sexos y para los blancos, negros
e hispanos por igual, los niños que vivían con una madre divorciada o que nunca
se había casado, estaban claramente peor que los pertenecientes a familias que
vivían con los dos progenitores. En
comparación con los niños que vivían con sus dos padres biológicos, los niños
de familia con un solo progenitor eran dos veces más propensos a ser expulsados
o suspendidos en la escuela, a sufrir problemas emocionales o de la conducta y
a tener dificultades con sus compañeros. También eran mucho más proclives a
tener una conducta antisocial”.
Las
características de la familia tienen asimismo influencia sobre otro tipo de
educación, la emocional. Hay un significativo interés actualmente en el tema de
la denominada “inteligencia emocional”.
Según indican las investigaciones de Goleman (1995), y otras, el buen
desempeño y el éxito de las personas, en su vida productiva, no se halla ligado
sólo a su cociente intelectual, tiene estrecha relación con sus calidades
emocionales. Entre los componentes de este orden particular de inteligencia, se
hallan el autodominio, la persistencia, la capacidad de automotivación, la
facilidad para establecer relaciones interpersonales sanas y para interactuar
en grupos, y otras semejantes. Según se ha verificado, con frecuencia personas de elevada inteligencia emocional
tienen mejores resultados que otras con cociente intelectual mayor, pero
reducidas calidades en ese orden. La familia tiene un gran peso en la
conformación y desarrollo de la inteligencia emocional. Los niños perciben en
las relaciones entre sus padres, y de ellos con los mismos, modos de vincularse
con lo emocional que van a incidir sobre sus propios estilos de comportamiento.
Destaca Goleman que: “La vida en
familia es nuestra primera escuela para el aprendizaje emocional”.
Otro aspecto
en que la familia con su dinámica va moldeando perfiles de comportamiento en
los niños, es el que se produce en el campo de “las formas de pensar”. Naum Kliksberg (1999) señala al respecto,
que el niño se vincula con sus padres y hermanos a través de tres modalidades
básicas: de aceptación pasiva, de
imposición autoritaria, y de diálogo democrático. En los hogares tiende a
predominar alguno de estos modelos de interacción". Resalta el investigador que, si el
predominante es el de aceptación pasiva, se genera una forma de pensar
“sometida” que acepta argumentos y posiciones, sin inquirir mayormente sobre
sus fundamentos. Si la interacción
usual es la autoritaria, se desarrolla una forma de pensar orientada a imponer
el propio pensamiento al otro, y sólo centrada en las coerciones necesarias
para lograr ese objetivo. Si en cambio el modelo de interacción es “dialogal
democrático”, la forma de pensar que se desenvuelve es crítica, se sabe
escuchar al otro, se trata de entenderlo, y de explicarse.
En el campo de
la salud Katzman (1997) señala, resumiendo estudios efectuados en el Uruguay,
que los niños extramatrimoniales tienen una tasa de mortalidad infantil mucho
mayor, y que los niños que no viven con sus dos padres tienen mayores daños en
diferentes aspectos del desarrollo psicomotriz.
Una
preocupación central de nuestro tiempo es el aumento de la criminalidad en
diversos países. La familia aparece, a
la luz de las investigaciones al respecto, como uno de los recursos
fundamentales con que cuenta la sociedad para prevenir criminalidad. Los valores inculcados a los niños en la
familia en esta materia, en los años tempranos, y los ejemplos de conducta
observados, van a incidir considerablemente sus decisiones y conductas futuras.
Un estudio en EEUU (Dafoe Whitehead, 1993), identificó que examinando la
situación familiar de los jóvenes en centros de detención juvenil en el país,
se verificaba que más del 70% provenían de familias con padre ausente.
En resumen la
familia, junto a sus históricas y decisivas funciones afectivas y morales,
exhaltadas en religiones como la cristiana y la judía, entre otras, cumple
funciones esenciales para el bienestar colectivo.
A partir de esa visión
existe, en diversos países desarrollados, un activo movimiento de creación de
condiciones favorables para el buen desenvolvimiento y el fortalecimiento de la
familia. Las políticas públicas de los
países de la Comunidad Económica Europea brindan, entre otros aspectos: garantías plenas de atención médica adecuada
para las madres durante el embarazo, el parto, y el período posterior, amplios
permisos remunerados por maternidad que van, desde 3 meses en Portugal hasta 28
semanas en Dinamarca, subvenciones a las familias con hijos, deducciones
fiscales. Diversos países, como los nórdicos, han establecido extendidos
servicios de apoyo a la familia como las guarderías, y servicios de ayuda
domiciliaria a ancianos e incapacitados.
La necesidad de
fortalecer la institución familiar y apoyarla de modo concreto tiene múltiples
defensores. Reflejando muchas opiniones
similares, un estudio español (Cabrillo, 1990), plantea que “la familia es una
fuente importante de creación de capital humano. Por una parte ofrece servicios de salud en forma de cuidado de
enfermos y niños que tendrían un elevado coste si tuvieran que ser provistos
por el mercado o el sector público. Por
otro, es en ella donde tiene lugar la primera educación que recibe un niño, que
es además la que tiene una rentabilidad más elevada”. Ante ello se pregunta:
“¿en la práctica el sector público está financiando gran parte de los
gastos en educación en la mayoría de los países? La pregunta inmediata es:
¿entonces, por qué sólo una parte de la educación, la impartida en
escuelas públicas o privadas? Si este
tipo de educación es subvencionada, no hay razón alguna para que no se subvencione
también la educación impartida en la casa”.
Otro trabajo (Navarro, 1999) reclama:
“la universalización (en España) de los servicios de ayuda a la
familia”, y demuestra su factibilidad en términos de costos económicos.
Frente a esta revalorización
internacional del rol de la familia, y la verificación de sus enormes
potencialidades de aporte a la sociedad, ¿qué sucede en los hechos en América
Latina? ¿Cuál es el contexto
socioeconómico actual y como afecta a las familias concretas de la región?
III.
LOS AGUDOS
INTERROGANTES SOCIALES
La evolución
de la situación social de la región ha generado fuerte alarma en amplios
sectores. Diversos organismos
internacionales, entre ellos las Naciones Unidas y el BID, han llamado la
atención sobre los inquietantes déficits sociales. La Iglesia, a través de sus máximas autoridades, ha hecho
repetidos llamamientos a dar la máxima prioridad a las graves dificultades que
experimentan extensos grupos de la población.
La ciudadanía ha indicado, por diversas vías, que considera que sus
problemas de mayor gravedad se hallan en el área social.
Según el Panorama Social de la CEPAL
(2001) la población ubicada por debajo de la línea de la pobreza representaba
el 41% de la población total de la región en 1980, cifra muy elevada en
relación a los promedios del mundo desarrollado y de los países de desarrollo
medio. Portugal, el país con más pobreza de la Unión Europea, tiene un 22% de
la población pobre. La cifra empeoró en las dos últimas décadas y el porcentaje
de pobreza latinoamericano pasó a significar en el 2002 el 44% de una población
mucho mayor.
Evolución de la pobreza en América Latina, 2000-2002
(porcentaje de
la población)
|
Año |
Indigencia |
Pobreza |
|
2000 |
17.8% |
42.1 |
|
2001 |
18.6% |
43 |
|
2002 |
20.0% |
44 |
** De 2000 a 2002 se generaron 15 millones de nuevos pobres.
Los estimados nacionales indican que
la pobreza tiene una alta presencia en toda la región con muy pocas
excepciones. En Centroamérica son pobres el 75% de los guatemaltecos, el 73% de
los hondureños, el 68% de los nicaragüenses y el 55% de los salvadoreños. Es
pobre el 53% de la población peruana, más del 70% de la ecuatoriana, y el 63%
de la boliviana. En México es pobre actualmente el 51.7% de la población, y en
Brasil se estima que 44 millones de personas están en extrema pobreza ganando
menos de un dólar diario (Proyecto Fome Zero, 2004). Argentina, es un caso muy
ilustrativo de las dificultades de la región. Un país que tenía a inicios de
los 60’s porcentajes menores al 10% en pobreza, llegó a fines del 2002 a un 58%
de la población por debajo de la línea de la pobreza.
La región presenta elevados niveles
de desocupación e informalidad que son una causa central de la evolución de la
pobreza. La tasa de desempleo promedio subió del siguiente modo:
América Latina. Crecimiento y
Desempleo
1980 al 2003
|
Periodo |
Tasa de
desempleo urbano |
|
1981-90 |
8.4% |
|
1991-97 |
8.8% |
|
1998-03 |
10.4% |
|
Fuente: CEPAL. Informes
anuales. |
|
A esas altas tasas se suma el
ascenso del porcentaje de la mano de obra activa que trabaja en la economía
informal, constituida en tramos importantes por ocupaciones inestables, sin
base económica sólida, de reducida productividad, bajos ingresos, y por la
ausencia de toda protección social. La
informalización implica, según subraya Tokman (1998), un proceso de descenso de
la calidad de los trabajos existentes.
En 1980 trabajaba, en la economía informal, el 40,6% de la mano de obra
no agrícola ocupada; hoy es el 59%. A
ello se agrega la precarización. Hay un
número creciente de trabajadores sin contrato, y bajo contratos
temporales. Alrededor del 35% de los
asalariados está en esas condiciones en Argentina, Colombia y Chile, y el 74%
en el Perú.
Uno de los puntos de preocupación
central, con múltiples consecuencias, es que las serias dificultades
ocupacionales son aún de mayor envergadura en los grupos jóvenes. Así lo indica el cuadro siguiente:
CUADRO 3
América Latina: Desempleo Juvenil,
1990-2002 (Tasas Anuales)
|
País |
Edad |
1990 |
1995 |
2000 |
|
Argentina |
15-19 |
21,7 |
46,6 |
39,5 |
|
15-24 |
15,2 |
30,1 |
.. |
|
|
Bolivia |
10-19 |
13,3 |
5,0 |
.. |
|
20-19 |
9,5 |
5,4 |
.. |
|
|
Brasil |
15-17 |
.. |
11,0 |
17,8 |
|
18-24 |
.. |
9,3 |
14,7 |
|
|
Chile |
15-19 |
15,9 |
15,8 |
26,1 |
|
20-24 |
12,0 |
10,1 |
20,1 |
|
|
Colombia |
12-17 |
.. |
21,0 |
44,7 |
|
18-24 |
.. |
16,6 |
34,8 |
|
|
Costa Rica |
12-24 |
10,4 |
13,5 |
10,9 |
|
Ecuador |
15-24 |
13,5 |
15,3 |
17,4 |
|
El Salvador |
15-24 |
18,6 |
13,3 |
14,3 |
|
Honduras |
10-24 |
10,7 |
10,2 |
.. |
|
México |
12-19 |
7,0 |
13,1 |
5,4 |
|
20-24 |
.. |
9,9 |
4,1 |
|
|
Panamá |
15-24 |
.. |
31,9 |
32,6 |
|
Paraguay |
15-19 |
18,4 |
10,8 |
.. |
|
20-24 |
14,1 |
7,8 |
.. |
|
|
Perú |
14-24 |
15,4 |
11,2 |
17,1 |
|
Uruguay |
14-24 |
26,6 |
25,5 |
31,7 |
|
Venezuela |
15-24 |
18,0 |
19,9 |
25,3 |
Fuente: PNUD. La Democracia en América
Latina. 2004.
Como se
observa, el desempleo entre los jóvenes viene creciendo fuertemente en todos
los países. Ello crea un foco de conflicto muy serio.
Desempleo, subempleo y pobreza se
ligan estrechamente. Llevan a carencias
de todo orden en la vida cotidiana. Una
de sus expresiones más extremas es la presencia, en diversos países, de cuadros
alarmantes de desnutrición. Las cifras de desnutrición son elevadas en toda la
región como puede apreciarse:
Desnutrición Infantil
A.
País
|
Ultimo año |
|
|
|
Argentina |
1995/96 |
12,4 |
|
|
Bolivia |
1998 |
26,8 |
|
|
Brasil |
1996 |
10,5 |
|
|
Chile |
1999 |
1,9 |
|
|
Colombia |
2000 |
13,5 |
|
|
Costa Rica |
1996 |
6,1 |
|
|
Ecuador |
1998 |
26,4 |
|
|
El Salvador |
1998 |
23,3 |
|
|
Guatemala |
1999 |
26,4 |
|
|
Honduras |
1996 |
38,9 |
|
|
México |
1999 |
17,7 |
|
|
Nicaragua |
1998 |
24,9 |
|
|
Panamá |
1997 |
18,2 |
|
|
Paraguay |
1990 |
13,9 |
|
|
Perú |
2000 |
25,4 |
|
|
República Dominicana |
1996 |
10,7 |
|
|
Uruguay |
1992/93 |
9,5 |
|
|
Venezuela |
2000 |
12,8 |
|
|
América Latina |
|
18,9 |
|
|
|
|||
Un informe de la Organización
Panamericana de la Salud y CEPAL (1998), destacaban sobre el problema:
“Se observa en casi todos los países
de la región un incremento en enfermedades no transmisibles crónicas asociadas
con alimentación y nutrición”.
La desnutrición y otros aspectos de
la pobreza, llevan a fuertes retrasos en los niños pobres, que van a afectar
toda su existencia. Estudios de UNICEF
(1992), identificaron retrasos en el desarrollo psicomotor de una muestra de
niños pobres a partir de los 18 meses de edad.
A los cinco años, la mitad de los niños de la muestra examinada presentaban
retrasos en el desarrollo del lenguaje, 40% en su desarrollo general, y 30% en
su evolución visual y motora.
IV.
LA REGION MAS DESIGUAL DEL PLANETA
Junto a la
pobreza, la situación social de América Latina se singulariza por acentuadas
inequidades. La región se ha convertido, según indican las cifras, en el
Continente de mayor polarización social del mundo. El Informe de Progreso Económico y Social del BID (1998/99)
proporciona las siguientes cifras al respecto:
GRAFICO
1
Ingreso
Que Recibe El 5% Más Rico
(porcentaje
del ingreso total)

Como se
observa, en América Latina el 5% más rico de la población recibe el 25% del
ingreso. La proporción supera a lo que
recibe el 5% más rico en las otras áreas del globo. A su vez, es la región donde el 30% más pobre de la población
recibe el menor porcentaje del ingreso (7,6%) en relación a todos los otros
continentes, como puede apreciarse en el siguiente gráfico del BID:
GRAFICO 2
Ingreso
Que Recibe El 30% Más Pobre
(porcentaje del ingreso total)
Fuente Gráficos 1 y 2: BID-IPES, 1998
Medida
asimismo en términos del coeficiente de Gini, que da cuenta del nivel de
desigualdad en la distribución del ingreso de una sociedad, América Latina
presenta el peor coeficiente de Gini, a nivel mundial, como puede apreciarse a
continuación:
CUADRO 5
INEQUIDAD
COMPARADA
(medida
con el coeficiente de Gini)
|
Países
más desarrollados, en términos de equidad (Suecia, Dinamarca, Países Bajos,
otros) Países desarrollados Gini promedio universal América
Latina |
0,25 a 0,30 0,30 0,40 0,57 |
Cuanto más
bajo es el coeficiente de Gini, mejor es la distribución del ingreso en una
sociedad. El de América Latina supera ampliamente
a los de los países más equitativos, y es significativamente más elevado que la
media mundial.
Pueden
observarse cifras comparativas nacionales en el siguiente cuadro:
CUADRO
6
Indicadores de desigualdad para algunos de los países de América Latina,
Estados Unidos e Italia
|
|
Coeficiente de Gini |
Porcentaje del 10% superior en el ingreso total |
Porcentaje del 20% inferior en el ingreso total |
Relación entre los ingresos del décimo decil y el primer decil |
|
Brasil (2001) |
59,0 |
47,2% |
2,6% |
54,4 |
|
Guatemala (2000) |
58,3 |
46,8% |
2,4% |
63,3 |
|
Colombia (1999) |
57,6 |
46,5% |
2,7% |
57,8 |
|
Chile (2000) |
57,1 |
47,0% |
3,4% |
40,6 |
|
México (2000) |
54,6 |
43,1% |
3,1% |
45,0 |
|
Argentina (2000) |
52,2 |
38,9% |
3,1% |
39,1 |
|
Jamaica (1999) |
52,0 |
40,1% |
3,4% |
36,5 |
|
República Dominicana (1997) |
49,7 |
38,6% |
4,0% |
28,4 |
|
Costa Rica (2000) |
46,5 |
34,8% |
4,2% |
25,1 |
|
Uruguay (2000) |
44,6 |
33,5% |
4,8% |
18,9 |
|
Estados Unidos (1997) |
40,8 |
30,5% |
5,2% |
16,9 |
|
Italia (1998) |
36,0 |
27,4% |
6,0% |
14,4 |
Fuente: Banco Mundial
(2004). Desigualdad en América Latina y el Caribe. ¿Ruptura con la
historia?. Washington DC.
Las acentuadas
disparidades sociales de la región tienen impactos regresivos en múltiples
áreas. Entre ellas: reducen la capacidad de ahorro nacional, limitan el mercado
interno, afectan la productividad, tienen diversos efectos negativos sobre el
sistema educativo, perjudican la salud pública, potencian la pobreza, favorecen
la exclusión social, erosionan el clima de confianza interno, y debilitan la
gobernabilidad democrática.
Inequidad y
pobreza interaccionan estrechamente. El empeoramiento de la inequidad ha
operado como un factor de gran peso en el aumento de la pobreza en la
región. Así lo indican, entre otros
estudios, los realizados por Birdsall y Londoño (1997). Los investigadores han
reconstruido cuál sería la curva de pobreza de América Latina, si la
desigualdad hubiera seguido en los 80, en los mismos niveles que presentaba a
los inicios de los 70, que eran elevados, pero que se acentuaron después.
Las
conclusiones son las que aparecen en el siguiente gráfico:
GRAFICO 3
EL IMPACTO DE LA DESIGUALDAD SOBRE LA POBREZA
EN AMERICA LATINA
1970-1995

Fuente: Birdall, N. y J. L. Londoño. “Asset inequality matters: an
assessment of the world Bank’s approach to poverty reduction”, American Economic Review, May, 1997.
La línea
sólida del cuadro indica la evolución de la pobreza en millones de pobres entre
1970 y 1995. La línea quebrada es una
simulación econométrica que indica cuál hubiera sido esa evolución, si se
hubiera mantenido la estructura de distribución de ingresos de inicios de los
70. La pobreza hubiera sido en ese caso, según estiman, la mitad de la que
efectivamente fue. Hay un “exceso de
pobreza”, de importantes dimensiones, causado por el aumento de la desigualdad.
La pobreza y
la inequidad tienen expresiones agudas en los indicadores de mortalidad materna
e infantil.
La cifra
promedio de niños que fallecen antes de cumplir 5 años de edad es en la región
de 71 de cada 1.000. Supera a la de EastAsia-Pacific que es de 57.1. Muestra
fuertes diferencias entre los países, ascendiendo en Haití a 140.6 y en Bolivia
a 99.1. Son acentuadas las diferencias entre los diversos niveles sociales,
como puede observarse:
CUADRO 7
Tasa de mortalidad de menores de 5 años
|
|
Tasa de mortalidad de menores de
5 años (en miles) |
|||||
|
País /región |
1 |
2 |
3 |
4 |
5 |
Promedio |
|
Bolivia |
146.5 |
114.9 |
104.0 |
47.8 |
32.0 |
99.1 |
|
Brasil |
98.9 |
56.0 |
39.2 |
26.7 |
33.3 |
56.7 |
|
Colombia |
52.1 |
37.1 |
30.7 |
34.9 |
23.6 |
37.4 |
|
Republica Dominicana
|
89.9 |
73.0 |
60.1 |
37.3 |
26.6 |
61.0 |
|
Guatemala |
89.1 |
102.9 |
82.0 |
60.7 |
37.9 |
79.2 |
|
Haití |
163.3 |
150.1 |
137.1 |
130.6 |
105.6 |
140.6 |
|
Nicaragua |
68.8 |
66.6 |
52.5 |
48.5 |
29.7 |
56.0 |
|
Paraguay |
57.2 |
50.0 |
59.0 |
39.4 |
20.1 |
46.6 |
|
Perú |
110.0 |
76.2 |
48.0 |
44.1 |
22.1 |
68.4 |
|
LAC |
97.3 |
80.8 |
68.1 |
52.2 |
38.8 |
71.7 |
|
Asia Oriental, Pacífico |
84.0 |
62.9 |
53.7 |
41.1 |
27.1 |
57.1 |
|
Asia Central |
82.5 |
64.5 |
69.8 |
57.5 |
40.2 |
64.9 |
|
Oriente Medio, Africa del
Norte |
140.6 |
117.8 |
92.2 |
80.1 |
50.4 |
100.3 |
|
Asia del Sur |
144.2 |
152.6 |
136.1 |
110.8 |
71.7 |
126.6 |
|
Africa
Subsahariana |
191.7 |
190.9 |
174.3 |
156.6 |
112.4 |
168.4 |
|
Total Países |
148.3 |
140.8 |
126.8 |
110.0 |
77.4 |
124.2 |
Fuente: Banco Mundial (2004). Op.Cit.
En
el 20% más rico de la población de Bolivia, mueren 32 de cada 1000 niños antes
de cumplir cinco años. En el 20% más pobre la cifra se quintuplica 146.5 por
mil. Esta gravísima realidad tiene un sesgo étnico muy concreto. Recae
fundamentalmente sobre población indígena. Lo mismo sucede en Perú, la
mortalidad infantil antes de los 5 años del 20% más pobre quintuplica a las del
20% más rico, 111 vs. 22.2, y en Brasil la triplica 98.9 vs.33.3.
Las cifras de
desnutrición infantil crónica muestran asimismo importantes disparidades por
etnias, campo/ciudad, y estratos de ingresos. Véase el siguiente cuadro
correspondiente a la región andina:
CUADRO 8
Ocurrencia de atraso en
crecimiento juvenil (%) por país, lugar de residencia, etnicidad, región y
status socioeconómico, en cuatro países andinos
|
|
País
|
|||
|
|
Colombia |
Ecuador |
Perú |
Bolivia |
|
Lugar de residencia (1) |
|
|
|
|
|
Ciudades grandes |
12.7 |
20.7 |
13.2 |
18.5 |
|
Ciudades pequeñas |
10.9 |
22.4 |
20.1 |
20.3 |
|
Pueblos |
14.0 |
28.2 |
27.2 |
22.4 |
|
Area rural |
19.3 |
35.2 |
40.8 |
37.2 |
|
Etnicidad |
|
|
|
|
|
Población No
indígena |
… (2) |
24.2 |
22.5 |
23.7 |
|
Población Indígenas |
… |
58.2 |
47.0 |
50.5 |
|
Región |
|
|
|
|
|
Altiplano |
… |
33.3 |
38.5 |
31.2 |
|
Otras regiones |
… |
22.2 |
18.2 |
23.9 |
|
Deciles de SES (3) |
|
|
|
|
|
1 (menor) |
26.8 |
38.5 |
49.6 |
42.2 |
|
2 |
24.1 |
51.8 |
46.8 |
39.9 |
|
3 |
17.1 |
30.6 |
39.6 |
38.7 |
|
4 |
14.9 |
27.6 |
32.5 |
32.8 |
|
5 |
16.3 |
17.9 |
23.4 |
31.8 |
|
6 |
15.2 |
24.4 |
19.9 |
25.0 |
|
7 |
11.0 |
19.0 |
18.3 |
22.7 |
|
8 |
11.7 |
19.1 |
12.8 |
18.2 |
|
9 |
6.3 |
15.8 |
12.6 |
13.5 |
|
10 (mayor) |
5.4 |
11.9 |
5.2 |
9.7 |
|
Indice de Concentración (4) |
-0.221 |
-0.223 |
-0.311 |
-0.223 |
|
Total países |
14.9 |
26.5 |
26.1 |
26.9 |
(1)
Según encuestas del DHS (Colombia, Perú, y Bolivia), Las ciudades grandes incluyen
capitales nacionales y ciudades de más de 1 millón de habitantes, y las
ciudades pequeñas tienen un rango de población de 50000 a 1 millón. Según
encuestas de LSMS (Ecuador), las ciudades pequeñas tienen un rango de 5000 a 1
millón.
(2) El siguiente símbolo
(...) indica que la información no está disponible.
(3) Deciles de SES son
tomados para niños, y no corresponden a los deciles de la población, debido a
las diferencias socioeconómicas en fertilidad
(4) El índice de concentración
mide la desigualdad social en el atraso en el crecimiento. El índice de
concentración es una generalización del coeficiente de Gini, y oscila entre –1
y 0. Los valores cercanos a –1 indican mayor desigualdad social.
Fuente: Larrea, Carlos y Wilme Freire (2002). Social inequality and child malnutrition
in four Andean countries. Pan American Journal of Public Health. May-June.
Las tasas de desnutrición infantil
andinas son altas superan en Bolivia, Ecuador y Perú el 21%. Pero muestran
asimismo claros gradientes económicos. En general en los países andinos las
tasas de desnutrición crónica son tres veces mayores en los deciles más pobres,
que en los más ricos. Así por ejemplo en el 10% más rico de Ecuador, sólo el
11% de los niños presenta problemas de desnutrición, en el 10% más pobre la
cifra casi se cuadruplica. En la población indígena la cifra llega al 58%.
La
mortalidad materna se cobra numerosas victimas en la región. Según denunció la
OPS recientemente (2004) 23.000 mujeres mueren en América Latina y el Caribe
durante el embarazo o el parto en la gran mayoría de los casos por “causas
evitables que son prevenidas en forma rutinaria en los países desarrollados”.
El riesgo de fallecer por dar a luz es en América latina de 1/160 frente al 1/4000
en Europa occidental, 25 veces mayor.
Mientras que en Estados Unidos mueren anualmente 17 madres por cada 100.000
niños nacidos vivos, en Haití son 600 y en Colombia 100.
Entre las causales
básicas, estas cifras están vinculadas
con la inexistencia de asistencia médica institucionalizada. El 24% de
las madres no tienen asistencia médica durante el embarazo, y una tercera parte
no tiene atención médica en el momento del
parto. Las cifras muestran altos sesgos según los gradientes económicos
como puede observarse:
|
|
Tasas
de cuidados básicos prenatales |
Tasas
de partos asistidos |
||||||||||||
B.
País
/ región
|
1 |
2 |
3 |
4 |
5 |
Promedio |
CI |
1 |
2 |
3 |
4 |
5 |
Promedio |
CI |
|
Bolivia |
38.8 |
57.8 |
70.4 |
88.6 |
95.3 |
65.1 |
0.17 |
19.8 |
44.8 |
67.7 |
87.9 |
97.9 |
56.7 |
0.28 |
|
Brasil |
67.5 |
87.7 |
93.4 |
96.9 |
98.1 |
85.6 |
0.08 |
71.6 |
88.7 |
95.7 |
97.7 |
98.6 |
87.7 |
0.07 |
|
Colombia |
62.3 |
81.1 |
89.8 |
95.4 |
95.9 |
82.5 |
0.09 |
60.6 |
85.2 |
92.8 |
98.9 |
98.1 |
84.5 |
0.09 |
|
República
Dominicana |
96.1 |
98.2 |
99.0 |
99.2 |
99.9 |
98.3 |
0.01 |
88.6 |
96.9 |
97.3 |
98.4 |
97.8 |
95.3 |
0.02 |
|
Guatemala |
34.6 |
41.1 |
49.3 |
72.2 |
90.0 |
52.5 |
0.19 |
9.3 |
16.1 |
31.1 |
62.8 |
91.5 |
34.8 |
0.42 |
|
Haití |
44.3 |
60.0 |
72.3 |
83.7 |
91.0 |
67.7 |
0.14 |
24.0 |
37.3 |
47.4 |
60.7 |
78.2 |
46.3 |
0.21 |
|
Nicaragua |
67.0 |
80.9 |
86.9 |
89.0 |
96.0 |
81.5 |
0.07 |
32.9 |
58.8 |
79.8 |
86.0 |
92.3 |
64.6 |
0.19 |
|
Paraguay |
69.5 |
79.5 |
85.6 |
94.8 |
98.5 |
83.9 |
0.07 |
41.2 |
49.9 |
69.0 |
87.9 |
98.1 |
66.0 |
0.18 |
|
Perú |
37.3 |
64.8 |
79.1 |
87.7 |
96.0 |
67.3 |
0.17 |
13.7 |
48.0 |
75.1 |
90.3 |
96.6 |
56.4 |
0.31 |
|
América Latina y
el Caribe |
57.5 |
72.3 |
80.6 |
89.7 |
95.6 |
76.0 |
0.11 |
40.2 |
58.4 |
72.9 |
85.6 |
94.3 |
65.8 |
0.20 |
|
Asia Oriental, Pacífico |
64.9 |
80.7 |
86.9 |
91.4 |
96.2 |
81.9 |
0.08 |
30.5 |
53.0 |
68.4 |
80.6 |
93.4 |
60.8 |
0.22 |
|
Asia Central |
78.2 |
84.7 |
86.8 |
93.3 |
96.3 |
86.9 |
0.05 |
82.7 |
92.3 |
95.1 |
98.6 |
99.7 |
92.8 |
0.04 |
|
Medio Oriente, Africa del Norte |
13.7 |
21.1 |
33.4 |
49.3 |
73.0 |
35.2 |
0.32 |
12.8 |
21.7 |
37.7 |
58.6 |
82.2 |
38.5 |
0.36 |
|
Sur de Asia |
16.8 |
23.2 |
28.8 |
43.0 |
70.9 |
34.6 |
0.30 |
5.3 |
8.1 |
11.7 |
21.9 |
49.3 |
17.7 |
0.46 |
|
Africa
SubSahariana |
61.1 |
69.5 |
74.9 |
84.2 |
93.6 |
75.7 |
0.10 |
24.6 |
32.9 |
41.2 |
59.2 |
82.1 |
46.2 |
0.26 |
|
TODOS LOS PAISES |
55.0 |
64.8 |
71.1 |
80.6 |
91.0 |
70.8 |
0.13 |
31.2 |
42.1 |
51.6 |
66.2 |
84.0 |
52.5 |
0.25 |
Fuente: Banco Mundial (2004). Op. Cit. Investigaciones
Demográficas y de Salud (DHS) 2002.
En el 20% más rico
de la población las cifras de asistencia institucionalizada superan el 90%
tanto en la atención durante el embarazo como en el parto. En el 20% más pobre los déficits son
agudísimos. En Bolivia el 60% carece de atención prenatal, y el 80% de
asistencia médica durante el parto. En Brasil casi un tercio del quintil más
pobre carece de atención institucionalizada en ambos casos. En Perú en el 20%
más pobre un 60% no tiene atención durante el embarazo y un 86% no la tiene
durante el parto.
La inequidad
muestra también significativas expresiones en dos áreas claves para la infancia
como el contar con una cobertura completa de vacunación y la prevalencia de
diarreas. Como puede apreciarse a continuación el 20% más pobre de la
región tiene pronunciados problemas en
ambos campos en relación al 20% más rico. En materia de cobertura completa de
vacunas, mientras el 56% del quintil más rico cuenta con ella, en el más pobre
el porcentaje es un 17% menor, 39%. La prevalencia de diarreas en los niños más
que duplica en el 20% más pobre al 20% más rico en países como entre otros
Brasil, Bolivia, y Perú.
|
|
Alcance
de Inmunización |
Ocurrencia
de diarrea (%) |
||||||||||||
C.
País
/ región
|
1 |
2 |
3 |
4 |
5 |
Promedio |
CI |
1 |
2 |
3 |
4 |
5 |
Promedio |
CI |
|
Bolivia |
21.8 |
24.9 |
21.0 |
33.4 |
30.6 |
25.5 |
0.08 |
21.8 |
19.8 |
20.5 |
17.9 |
11.7 |
19.2 |
-0.07 |
|
Brasil |
56.6 |
74.0 |
84.9 |
83.1 |
73.8 |
72.5 |
0.07 |
18.3 |
12.9 |
12.7 |
9.3 |
7.4 |
13.1 |
-0.16 |
|
Colombia |
53.8 |
66.9 |
68.2 |
70.6 |
74.1 |
65.5 |
0.06 |
18.4 |
19.8 |
16.8 |
14.9 |
10.0 |
16.7 |
-0.09 |
|
República
Dominicana |
28.0 |
30.2 |
46.9 |
42.6 |
51.7 |
38.7 |
0.12 |
17.9 |
16.4 |
17.8 |
14.1 |
10.1 |
15.7 |
-0.08 |
|
Guatemala |
41.2 |
43.0 |
47.2 |
38.3 |
42.5 |
42.6 |
0.00 |
22.8 |
21.5 |
23.3 |
17.7 |
16.0 |
20.9 |
-0.06 |
|
Haití |
18.8 |
20.1 |
35.3 |
37.9 |
44.1 |
30.2 |
0.17 |
30.9 |
27.1 |
24.4 |
31.6 |
20.4 |
27.4 |
-0.04 |
|
Nicaragua |
61.0 |
74.6 |
75.3 |
85.7 |
73.1 |
72.6 |
0.05 |
16.1 |
14.0 |
14.2 |
14.4 |
8.7 |
14.0 |
-0.07 |
|
Paraguay |
20.2 |
30.8 |
36.4 |
40.7 |
53.0 |
34.2 |
0.18 |
9.8 |
8.5 |
9.2 |
7.4 |
4.6 |
8.1 |
-0.11 |
|
Perú |
55.3 |
63.8 |
63.5 |
71.7 |
66.0 |
63.0 |
0.04 |
21.4 |
20.3 |
18.6 |
14.1 |
9.3 |
17.9 |
-0.11 |
|
América Latina y
el Caribe |
39.6 |
47.6 |
53.2 |
56.0 |
56.5 |
49.4 |
0.09 |
19.7 |
17.8 |
17.5 |
15.7 |
10.9 |
17.0 |
-0.09 |
|
Asia Oriental, Pacífico |
48.3 |
56.8 |
60.3 |
64.6 |
72.9 |
59.3 |
0.08 |
10.5 |
9.9 |
9.9 |
8.6 |
6.3 |
9.3 |
-0.08 |
|
Asia Central |
64.2 |
67.9 |
71.8 |
75.7 |
77.4 |
70.9 |
0.04 |
19.0 |
15.6 |
15.0 |
14.6 |
13.7 |
15.8 |
-0.02 |
|
Medio Oriente, Norte de Africa |
42.2 |
53.3 |
62.5 |
73.2 |
81.1 |
61.0 |
0.17 |
21.0 |
20.3 |
19.1 |
17.2 |
14.7 |
18.7 |
-0.06 |
|
Sur de Asia |
29.8 |
31.4 |
41.6 |
49.8 |
64.4 |
42.0 |
0.17 |
17.0 |
14.4 |
14.3 |
15.3 |
12.4 |
14.9 |
-0.04 |
|
Africa
Subsahariana |
33.6 |
42.0 |
44.4 |
53.1 |
66.9 |
47.3 |
0.17 |
24.5 |
23.3 |
22.5 |
22.6 |
18.2 |
22.3 |
-0.05 |
|
TODOS LOS PAISES |
38.3 |
45.8 |
50.3 |
57.2 |
66.6 |
50.7 |
0.14 |
21.2 |
19.6 |
19.1 |
18.5 |
14.8 |
18.9 |
-0.05 |
Fuente: Banco Mundial (2004). Op. Cit. Investigaciones demográficas y
de salud (DHS) 2002.
¿Cuál es el impacto de la pobreza y la
inequidad sobre una institución fundamental del tejido social, la familia?
La familia es
un ámbito determinante de los grados de crecimiento, realización, equilibrio,
salud, y plenitud efectiva, que las personas pueden alcanzar. La sociedad y sus miembros juegan aspectos
centrales de su progreso y bienestar en las condiciones en que operan las
estructuras familiares.
El deterioro
de parámetros socioeconómicos básicos de la vida cotidiana de amplios sectores
de la población de la región, está incidiendo silenciosamente en un proceso de
reestructuración de numerosas familias.
Está surgiendo el perfil de una familia desarticulada en aspectos
importantes, inestable, significativamente debilitada.
Ese tipo de
familia difícilmente puede cumplir las funciones potenciales de la unidad
familiar, caracterizadas en una sección anterior. Ello hace que el reducto
último con que cuenta la sociedad para hacer frente a las crisis sociales,
carezca por su debilidad de la posibilidad de jugar el rol que podría
desempeñar.
Entre las
principales expresiones de los procesos en curso, respecto a las familias, se
hallan las que se presentan someramente a continuación.
Un número
creciente de unidades familiares tiene sólo uno de los progenitores al frente,
en la inmensa mayoría de los casos, la madre.
La correlación con pobreza es muy estrecha. Un gran porcentaje de las mujeres jefas de hogar pertenecen a
estratos humildes de la población. Un
estudio BID-CEPAL-PNUD (1995) describe así la situación:
“La casi totalidad de los países de América Latina tienen
porcentajes de hogares con jefatura femenina superiores al 20%, lo que
contribuye fuertemente al fenómeno conocido como “la feminización de la
pobreza”. Los estudios de CEPAL dejan
en evidencia la mayor pobreza relativa -muchas veces la indigencia- de los
hogares a cargo de una mujer”.
“La presencia
del padre es clave para proveer o reforzar ciertos activos de los niños: i) como modelo forjador de identidades,
especialmente para los varones; ii) como agente de contención, de creación de
hábitos de disciplina y transmisor de experiencias de vida; iii) como soporte
material, ya que la falta del aporte del padre reduce considerablemente los
ingresos del hogar, particularmente porque las mujeres ganan entre un 20% y un
50% menos que los hombres, y iv) como
capital social, en la medida en que la ausencia del padre implica la pérdida de
una línea de contacto con las redes masculinas, tanto en el mundo del trabajo
como en el de la política y que además, al cortarse el nexo con las redes de
parientes que podría aportar el padre, disminuyen significativamente los
vínculos familiares potenciales”.
La ausencia
del padre va a significar la inexistencia de todos estos activos. Las consecuencias pueden ser muy
concretas. Va a afectar el rendimiento
educacional ante el empobrecimiento del clima socioeducativo del hogar, va a
pesar fuertemente sobre el desarrollo de la inteligencia emocional, golpea la
salud, crea condiciones propicias para sensaciones de inferiorización,
aislamiento, resentimiento, agresividad, resta una fuente fundamental de
orientación en aspectos morales.
Investigando el caso de los menores internados en el Instituto Nacional
del Menor, en el Uruguay, Katzman encuentra que sólo uno de cada tres formaba
parte de una familia normal cuando se produjeron los hechos que condujeron a su
internación. La cifra, como señala, es
sugerentemente similar a la que arroja el estudio sobre centros de detención
juvenil en EEUU. El 63,8% de los niños
internados en el Uruguay vivía con su madre, un 30,8% con un padrastro o
madrastra, y el 5,4% sin sus padres.
Las fuertes
desventajas relativas de los niños criados en hogares de este tipo se agudizan,
como marca el investigador, en las condiciones de los mercados de trabajo
modernos. Los mismos exigen un nivel de
preparación cada vez mayor. Ello
significa procesos educativos cada vez más extensos. Contar con una familia integrada, que apoye emocional, y
prácticamente, ese esfuerzo prolongado es estratégico para culminarlo. Los
niños y jóvenes de familias desarticuladas carecen de este capital social
clave.
Una proporción
creciente de hombres jóvenes de los estratos humildes se resisten a constituir
hogares estables. Ello va a aumentar
las tasas de familias irregulares e inestables (concubinatos). Esta tendencia parece fuertemente influida
por el crecimiento de la pobreza, la desocupación y la informalidad en la
región. En muchos de estos casos, el
joven no ve la posibilidad de encontrar un empleo estable que le permita
cumplir el rol de proveedor principal de los ingresos del hogar, que se espera
de él. Por otra parte, un porcentaje
significativo de la población, con ocupación, gana salarios mínimos que se hallan
por debajo de los ingresos que se necesitarían para solventar los gastos
básicos de una familia, aunque se cuente con aporte femenino. La situación general, como lo indican las
encuestas, muestra además un gran temor por la inestabilidad que caracteriza al
mercado de trabajo. A todo ello se
suman dificultades objetivas como las severas restricciones para acceder a una
vivienda. En estas condiciones, el
joven no se ve a sí mismo en rol de esposo y padre de una familia estable. Percibe que le será casi imposible afrontar
las obligaciones que ello supone.
Un conflicto
similar parece ser uno de los precipitantes del abandono de hogar de jóvenes de
las zonas pobres urbanas. Katzman
(1992) sugiere que la aparente “irresponsabilidad” con que actúan, estaría
influida por la sensación de que están perdiendo legitimidad en su rol de
esposos y padres, al no poder cumplir con la obligación de aportar buena parte
de los ingresos del hogar. Sienten
dañada su autoestima en el ámbito externo, por la dificultad de encontrar
inserción laboral estable, y en el familiar, porque no están actuando según lo
que se espera de su rol. A ello se suma
un creciente nivel de expectativas de consumo en los hijos de hogares humildes,
incidido por el mensaje de los medios masivos de comunicación. El joven cónyuge se siente así muy exigido,
impotente para poder enfrentar las demandas, y desacreditado. En psicología social se plantea que en estas
situaciones altamente opresivas, las personas tienden a enfrentarlas hasta las
ultimas consecuencias, o a producir lo que se denominan conductas de “fuga” de
las mismas.
Un claro síntoma de
erosión de la unidad familiar lo da el aumento del número de hijos
ilegítimos. La renuencia a formar
familia estimula el crecimiento de la tasa de nacimientos de este orden. Los estudios de Katzman sobre el Uruguay
muestran la siguiente tendencia:
En Montevideo, 1975, 1984 y
1993
|
Años |
Tasas de ilegitimidad (%) |
|
1975 |
20,9 |
|
1984 |
23,8 |
|
1993 |
34,5 |
Fuente: Rubén Katzman,
“Marginalidad e integración social en Uruguay”, Revista de la CEPAL, Nº 62,
agosto de 1997.
Como se
observa, en sólo 18 años el número de hijos ilegítimos en Montevideo aumentó en
un 65%. La ilegitimidad tiene más alto
nivel de presentación en las madres más jóvenes, pero es alta en todas las
edades.
Ha aumentado
significativamente en la región el número de madres adolescentes.
En la gran
mayoría de los casos, la maternidad en la adolescencia no forma familias
integradas. Queda sola la madre,
con los hijos. Es, asimismo, una causa importante del
crecimiento de niños ilegítimos antes referido. Constituye, de por sí, una fuente de familias extremadamente
débiles.
Según las
cifras disponibles se halla estrechamente asociada a la pobreza. En los centros
urbanos, en el 25% más pobre de la población, el 32% de los nacimientos son de
madres adolescentes. En las zonas rurales, el 40%. En el 25% siguiente, en nivel de ingresos, las cifras son 20%, en
los centros urbanos y 32%, en las áreas rurales. En total, el 80% de los casos de maternidad adolescente urbana,
de la región, están concentrados en el 50% más pobre de la población, mientras
que el 25% más rico, sólo tiene un 9% de los casos. En las zonas rurales las cifras son, 70% de los casos en el 50%
más pobre, y 12% en el 25% más rico.
Aun dentro de
los sectores pobres, se observa que cuanto mayor es el nivel de pobreza, más
alta es la tasa de maternidad adolescente.
La fuerte correlación
entre pobreza y maternidad adolescente, permite inferir que aumentos en la
pobreza, como los que se están produciendo en la región, actuarán de estímulos
de este orden de maternidad y, por tanto, de la generación de familias muy
débiles.
Una variable central en
este proceso. es un componente de la pobreza: las carencias educativas. En los centros urbanos de la región, el
porcentaje de madres adolescentes entre las jóvenes urbanas con menos de seis
años de educación, es del 40%. Supera a
los promedios nacionales del 32%. En el
grupo que tiene 6 a 9 años de estudio, el porcentaje de casos de maternidad adolescente
desciende al 30%. En las jóvenes con 10
a 12 años de estudio baja al 15%, y en las que tienen 13 ó más años de estudio,
es inferior al 10%.
La situación que
subyace tras el embarazo adolescente en los sectores desfavorecidos configura
un “círculo perverso regresivo”. La
pobreza y la inequidad impactan severamente a dichos sectores en materia
educativa. Con limitada escolaridad,
recuérdese que la escolaridad promedio de toda América Latina es de sólo 5,2
años, y la de los sectores pobres considerablemente menor, se dan condiciones
que facilitan el embarazo adolescente.
A su vez, la maternidad en la adolescencia va a conducir a que estas
jóvenes dejen sus estudios. Las cifras
indican que las madres pobres adolescentes tienen un 25 a un 30% menos de
capital educativo que las madres pobres que no han tenido embarazo
adolescente. Al tener menor nivel
educativo, e hijos, las madres adolescentes verán reducidas sus posibilidades
de obtener trabajos e ingresos, consolidándose y profundizándose la situación
de pobreza.
En la región
tiene gran amplitud el fenómeno de la violencia domestica. Según estiman Buvinic, Morrison y Schifter
(1999), entre 30 y 50% de las mujeres latinoamericanas -según el país en que
vivan- sufren de violencia psicológica en sus hogares, y un 10 a un 35%, de
violencia física.
Además de su
inhumanidad básica, y sus múltiples repercusiones sobre la mujer, la violencia
doméstica causa daños graves a la estructura familiar y tiene repercusiones de
todo tipo en los hijos. Un estudio
realizado por el BID en Nicaragua (1997), muestra que los hijos de familias con
violencia intrafamiliar son tres veces más propensos a asistir a consultas
médicas, y son hospitalizados con mayor frecuencia. El 63% de ellos repite años escolares y abandona la escuela, en
promedio, a los 9 años de edad. Los de
hogares sin violencia permanecen, promedio, hasta los 12 años en la escuela.
Por otra
parte, la violencia doméstica es a su vez un modelo de referencia con
posibilidades de ser reproducido por los hijos, lo que llevará también a que
constituyan familias con serias deficiencias.
Diversos estudios, entre ellos Strauss (1980), indican que la tasa de
conductas de este orden, en hijos que han visto en sus hogares este
comportamiento, supera ampliamente a las observables en hijos de familias sin
violencia.
Si bien el
fenómeno es de gran complejidad e influido por numerosas variables, la pobreza
aparece claramente como un factor de riesgo clave. Según refiere Buvinic (1997), en Chile, por ejemplo, los casos de
violencia física son cinco veces más frecuentes en los grupos de bajos
ingresos, y la violencia física grave es siete veces más común en ellos,
verificándose también esas relaciones en otros países.
Las realidades
cotidianas de desocupación, subocupación, informalidad, antes mencionadas, y
otros procesos de deterioro económico, tensan al máximo las relaciones
intrafamiliares, y crean ambientes propicios a este fenómeno, fatal para la
integridad de la familia.
La pobreza y la inequidad colocan a numerosas familias en
serias dificultades para poder dar a sus hijos la infancia que desearían y que
correspondería. Se abren ante la
presión de las carencias, un cúmulo de situaciones que afectan duramente a los
niños, crean todo orden de conflictos en la unidad familiar, e impiden que la
familia cumpla muchas de sus funciones.
Una de las
expresiones principales de la problemática que se plantea es la figura del niño
que trabaja desde edades tempranas. Obedece en muchísimos casos a razones
esencialmente económicas. Es enviado a
trabajar, o se procura trabajos, para poder realizar algún aporte al hogar
carenciado del que proviene y poder subsistir personalmente. Como lo ha señalado reiteradamente la OIT,
la situación del niño trabajador es muy dura, y contradice los convenios
internacionales vigentes de protección del niño, y los objetivos básicos de
cualquier sociedad. Son largas
jornadas, graves riesgos de accidentes de trabajo, ninguna protección social,
magras remuneraciones. Asimismo,
implica en muchos casos el retraso escolar o, directamente, la deserción del
sistema educacional. Ello lo colocará
en condiciones de inferioridad para ingresar al mercado de trabajo en el
futuro. Según la OIT, 22 millones de niños menores de 14 años trabajan en la
región.
La vinculación entre pobreza, y trabajo infantil es muy
estrecha. En Brasil, se estima que el
54% de los niños menores de 17 años que trabaja, proviene de hogares con renta
per capita menor al salario mínimo.
Existe en
la región una población creciente de niños que viven en las calles de muchas
urbes. Se los puede encontrar en Río, Sao Paulo, Bogotá, México, Tegucigalpa,
y muchas otras ciudades, sobreviviendo en condiciones cruentas. Buscan cada día el sustento para vivir. Están expuestos a todo tipo de peligros. Se han encarnizado con ellos grupos de
exterminio, y se ha estimado que no menos de 3 niños de la calle son asesinados
diariamente en ciudades del Brasil, entre otros países. No se ha logrado cuantificar su número
preciso, pero pareciera que tiende a aumentar significativamente. El Papa Juan Pablo II, que ha denunciado
permanentemente esta situación inhumana, los describió, señalando que son
“niños abandonados, explotados, enfermos”.
La presencia y aumento de los niños de la calle tiene que
ver con múltiples factores, pero claramente a su centro está denotando una
quiebra profunda de la estructura básica de contención, la familia. Los procesos de erosión de la familia, de
desarticulación de la misma, de constitución de familias precarias, y las
tensiones extremas que genera al interior de la familia, la pauperización,
minan silenciosamente la capacidad de las familias de mantener en su seno a
estos niños. Es una situación de
frontera que está indicando la gravedad del silencioso debilitamiento de muchas
unidades familiares de la región.
Cuestiones como el
aumento en mujeres solas jefas de hogar, renuencia de hombres jóvenes a formar
familias, nacimientos ilegítimos, madres precoces, violencia doméstica,
incapacidad de las familias de proporcionar una infancia normal, niños de la
calle, son parte de este cuadro de debilitamiento. Deben ser priorizadas en las
políticas públicas y por toda la sociedad, y se les deben buscar soluciones
urgentes.
UNA REFLEXION DE CONJUNTO
¿Son
enfrentables el conjunto de problemas identificados?
No es
admisible ninguna declaración de impotencia al respecto; América Latina, tiene
enormes recursos potenciales de carácter económico y una historia plena en
valores como para encarar problemas de este orden. Cuenta actualmente, asimismo, con un logro de gigantescas
proporciones, la democratización de la región.
Este desafío tiene que ser prioridad para las democracias establecidas
en toda la región, con tantos esfuerzos y luchas de la población. Es lo que se espera de un sistema
democrático.
Amartya Sen
(1981) ha identificado cómo las grandes hambrunas masivas de este siglo se han
producido bajo regímenes dictatoriales.
En cambio, en la democracia, la presión de la opinión pública, de los
medios, de diversas expresiones de la sociedad organizada, obligan a los
poderes públicos a prevenirlas.
Los Estados y
las sociedades latinoamericanas se deben proponer amplios pactos sociales para
fortalecer la familia.
Las políticas
públicas en la región deben tomar debida nota de la trascendencia de los roles
que juega la familia y actuar en consonancia.
En el discurso público usual en América Latina se hace continua
referencia a la familia, pero en la realidad no hay un registro en términos de
políticas públicas. Son limitados los
esfuerzos para montar políticas orgánicas de protección y fortalecimiento a la
unidad familiar, agobiada por el avance de la pobreza y la inequidad. Existen numerosas políticas sectoriales,
hacia las mujeres, los niños, los jóvenes, pero pocos intentos para armar una
política vigorosa hacia la unidad que los enmarca a todos, y que va a incidir a
fondo en la situación de cada uno, la familia.
La política
social debería estar fuertemente enfocada hacia esta unidad decisiva. Es necesario dar apoyo concreto a la
constitución de familias en los sectores desfavorecidos, proteger detalladamente
los diversos pasos de la maternidad, respaldar las sobre exigencias que se
presentan a las familias con problemas económicos en los trances fundamentales
de su existencia, darles apoyo para erradicar el trabajo infantil y para que
sus niños puedan dedicarse a la escuela, desarrollar una red de servicios de
apoyo a las mismas (guarderías, apoyos para ancianos y discapacitados, etc.),
extender las oportunidades de desarrollo cultural, y de recreación
familiar. Ello exige políticas
explícitas, contar con instrumentos organizacionales para su ejecución,
asignación de recursos, alianzas entre sector público y sectores de la sociedad
civil que pueden contribuir a estos objetivos.
El peso de la
pobreza y la inequidad sobre los sectores humildes de América Latina, está
creando “situaciones sin salida” que es imprescindible enfrentar, a través de
políticas como las referidas, y otras que aborden los planos trascendentales
del empleo, la producción, y diversos aspectos económicos. Es inadmisible que puedan seguir operando
“círculos de hierro” como el que capta un informe sobre la familia, de CEPAL
(Panorama Social de América Latina, 1997).
Señala que “según el país, entre el 72 y el 96%de las familias en
situación de indigencia o pobreza tienen padres con menos de 9 años de
instrucción”. Ello significa que la
pobreza lleva en la región a limitada educación, que a su vez conduce a formar
familias cuyos hijos tendrán reducida escolaridad, lo que influirá en mantener
destinos familiares de pobreza intergeneracionalmente.
Se podrá
argüir que no existen recursos para llevar adelante políticas de familia
renovadas. Es necesario, desde ya,
hacer todo lo posible para que los países crezcan, mejoren su productividad y
competitividad, y se amplíen los recursos, pero al mismo tiempo se hace
imprescindible no perder de vista las prioridades finales del desarrollo y se
debe procurar protegerlas. Sociedades
más pobres que otras tienen sin embargo mejores resultados en términos de
familia, porque en sus políticas públicas y sus asignaciones presupuestarias
han dado efectivo apoyo a las madres, los niños y las unidades familiares. Asimismo, se deben ampliar los recursos
convocando ampliamente a toda la sociedad a participar activamente de políticas
de respaldo a la familia. Diversas
sociedades avanzadas del mundo cuentan, en este campo, con importantes aportes
de la sociedad civil y de trabajo voluntario
Fortaleciendo
la familia se está mejorando el capital humano de la sociedad, palanca del
crecimiento económico, y el desarrollo social, y base de la estabilidad
democrática, pero incluso, más allá de ello, actuar en esta dirección no es
sólo mejorar un medio, hace al fin último de toda sociedad democrática. La familia es una base fundamental para
múltiples áreas de actividad, pero es sobre todo un fin en sí mismo. Fortalecerla es dar paso efectivo a las
posibilidades de desarrollo de las potencialidades del ser humano, es
dignificarlo, es ampliar sus oportunidades, es hacer crecer su libertad real.
Cada hora que
transcurre en esta América Latina, afectada por los problemas sociales
descriptos, sin que haya políticas efectivas en campos como este, significará
más familias destruidas, o que no llegaran a formarse, madres adolescentes,
niños desertando de la escuela, jóvenes excluidos. La ética, en primer lugar, la propuesta de la democracia, y el
ideario histórico de la región, exigen sumar esfuerzos, y actuar con urgencia
para evitarlo.
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