“LA FAMILIA EN AMÉRICA LATINA: REALIDADES, INTERROGANTES Y
PERSPECTIVAS”
Documento de apoyo a la exposición del Dr.
Bernardo Kliksberg sobre “ Evolución de la relación del Niño, la Niña y el
Adolescente con la Familia”
XIX Congreso Panamericano del Niño- México,
27 al 29 de octubre de 2004
RESUMEN EJECUTIVO
A inicios del siglo XXI existe una creciente revalorización del rol de la familia en la sociedad. Desde la perspectiva espiritual la familia apareció siempre como la unidad básica del género humano. Las grandes cosmovisiones religiosas destacaron que su peso en lo moral y afectivo era decisivo para la vida. En los últimos años han agregado a esa perspectiva fundamental, conclusiones de investigación de las ciencias sociales que indican que la unidad familiar realiza, además, aportaciones de gran valor en campos muy concretos.
Entre otros aspectos, las
investigaciones destacan el papel de la familia en el rendimiento educativo, en
el desarrollo de la inteligencia emocional, en las formas de pensar, en la
salud y en la prevención de la criminalidad.
La familia es un ámbito
determinante de los grados de crecimiento, realización, equilibrio, salud, y
plenitud efectiva, que las personas pueden alcanzar. La sociedad y sus miembros juegan aspectos centrales de su
progreso y bienestar en las condiciones en que operan las estructuras
familiares.
El deterioro de parámetros
socioeconómicos básicos de la vida cotidiana de amplios sectores de la
población de la región, está incidiendo silenciosamente en un proceso de
reestructuración de numerosas familias.
Está surgiendo el perfil de una familia desarticulada en aspectos
importantes, inestable, significativamente debilitada.
Cuestiones como el aumento en
mujeres solas jefas de hogar, renuencia de hombres jóvenes a formar familias,
nacimientos ilegítimos, madres precoces, violencia doméstica, incapacidad de
las familias de proporcionar una infancia normal, niños de la calle, son parte
de este cuadro de debilitamiento. Deben ser priorizadas en las políticas públicas
y por toda la sociedad, y se les deben buscar soluciones urgentes.
No es admisible ninguna declaración de impotencia al respecto; América Latina, tiene enormes recursos potenciales de carácter económico y una historia plena en valores como para encarar problemas de este orden. Cuenta actualmente, asimismo, con un logro de gigantescas proporciones, la democratización de la región. Este desafío tiene que ser prioridad para las democracias establecidas en toda la región, con tantos esfuerzos y luchas de la población. Es lo que se espera de un sistema democrático.
Las políticas públicas en la
región deben tomar debida nota de la trascendencia de los roles que juega la
familia y actuar en consonancia. En el
discurso público usual en América Latina se hace continua referencia a la
familia, pero en la realidad no hay un registro en términos de políticas
públicas. Son limitados los esfuerzos
para montar políticas orgánicas de protección y fortalecimiento a la unidad
familiar, agobiada por el avance de la pobreza y la inequidad. Existen numerosas políticas sectoriales,
hacia las mujeres, los niños, los jóvenes, pero pocos intentos para armar una
política vigorosa hacia la unidad que los enmarca a todos, y que va a incidir a
fondo en la situación de cada uno, la familia.
La política social debería
estar fuertemente enfocada hacia esta unidad decisiva. Es necesario dar apoyo concreto a la
constitución de familias en los sectores desfavorecidos, proteger
detalladamente los diversos pasos de la maternidad, respaldar las sobre
exigencias que se presentan a las familias con problemas económicos en los
trances fundamentales de su existencia, darles apoyo para erradicar el trabajo
infantil y para que sus niños puedan dedicarse a la escuela, desarrollar una
red de servicios de apoyo a las mismas (guarderías, apoyos para ancianos y
discapacitados, etc.), extender las oportunidades de desarrollo cultural, y de
recreación familiar. Ello exige
políticas explícitas, contar con instrumentos organizacionales para su ejecución,
asignación de recursos, alianzas entre sector público y sectores de la sociedad
civil que pueden contribuir a estos objetivos.
Fortaleciendo la familia se
está mejorando el capital humano de la sociedad, palanca del crecimiento
económico, y el desarrollo social, y base de la estabilidad democrática, pero
incluso, más allá de ello, actuar en esta dirección no es sólo mejorar un
medio, hace al fin último de toda sociedad democrática. La familia es una base fundamental para
múltiples áreas de actividad, pero es sobre todo un fin en sí mismo. Fortalecerla es dar paso efectivo a las
posibilidades de desarrollo de las potencialidades del ser humano, es
dignificarlo, es ampliar sus oportunidades, es hacer crecer su libertad real.